LEO

LEO

 

Con Leo comienza de nuevo el ciclo de los cuatro elementos. Es el signo de la cosecha, de los frutos maduros y de las fiestas de la época cálida del año.

Leo es el humano que elige, que se diseña, que aprende a construir su mundo. Es el humano creador que disfruta de sus resultados y los incorpora a su vida. Es el primer paso evolutivo hacia el desarrollo de la propia individualidad original.

En los cuatro primeros signos vemos el proceso de encarnación y forma. En Aries, el ser es un proyecto nuevo y el fuego de Aries lo impulsa a su manifestación y crecimiento. En Tauro se concreta la elección a través del deseo, se descartan otras posibilidades para centrarse en una, se elabora la conciencia del propio cuerpo y su territorio. Géminis elabora su conocimiento del mundo y descubre la alternancia y la dualidad básica de la vida. En Cáncer se produce la encarnación, la entrada y asentamiento en el primer entorno social representado por la familia. Es el reconocimiento del nuevo ser como miembro de la tribu. Y en Leo el ser se identifica como individuo,  aparece el Yo diferenciado del grupo y comienza el proceso de maduración e individuación. El humano se conoce a sí mismo y se reconoce como único entre los demás.

Leo es el desarrollo individual, el ser que descubre su potencial y experimenta con su creatividad.

El reto de Leo consiste en liberarse de la tiranía de su poderoso ego y descubrir su originalidad, su alegría, su inocencia y su capacidad para jugar e investigar.

Es el signo central del verano, signo fijo de Fuego, el fuego que madura la cosecha y calienta el corazón, el fuego del amor.