LUNA SEMILLA DE ARIES

El día quince fue la Luna Nueva de Aries, el encuentro de la luna y el sol en el mismo sector celeste. Hoy ya es Luna Semilla, anoche pudimos verla en el cielo muy cerca de Venus.

Este año la primavera se resiste a llegar y el invierno a irse, un pulso que me recuerda a los viejos sistemas que se empeñan en mantenerse a pesar de haber demostrado su agotamiento, su desgaste, y sobre todo el desperdicio de energía que suponen para la Tierra, en definitiva el sistema más real que nos sostiene.

En el mapa celeste de esta Luna Nueva, que se produce en conjunción a Urano en los últimos grados de Aries, vemos que forma un aspecto de cuadratura, una tensión simbólica, con los planetas en Capricornio, sobre todo con Plutón y Marte.

Como arquetipos, Capricornio representa las estructuras de cualquier sistema. Es el esqueleto en el cuerpo, las rocas y sistemas montañosos en la tierra, las arquitecturas en las ciudades, los sistemas económicos, las formas de organización de los estados, las leyes internas en las familias y  tribus.

Y Aries representa el nacimiento, la fuerza de empuje que necesita el niño para atravesar el canal del parto, el brote para romper la cáscara de la semilla y atravesar el manto de tierra, el niño sol para crecer y despejar las nubes y el frío. Todo crecimiento requiere de esa cualidad de inicio y empuje de la energía, a veces tan intenso que necesita de un delicado instinto para no destruirse en el proceso.

En ese delicado equilibrio estamos ahora, nacen con fuerza nuevas formas en todos los niveles. Nace un tiempo nuevo también para la Tierra, que con nuestra influencia se transforma desde que comenzamos a construir ciudades, a sembrar y domesticar animales, a diseñar nuestros sueños en palacios, templos y jardines, y a proyectar nuestras miserias y desechos en guerras y basureros.

Primero llegó la agricultura y la cerámica, seguíamos dialogando con ella, la Gran Madre, ave, serpiente, osa, cierva, tierra, luna, sol, montaña o fuente. Luego descubrimos los metales, y de elaborar cuencos y joyas comenzamos a fabricar armas. La rabia que se necesita para matar comenzó a romper nuestro diálogo con la Madre, se abrió una grieta y comenzamos a sentir un destierro que nos ha impulsado durante cinco mil años en una lucha encarnizada por el poder.

Estamos a punto de dar el salto hacia las estrellas, nos comunicamos en redes de intercambio planetarias, las espadas se han convertido en armas de destrucción masiva, en un minuto tenemos información sobre territorios, personas, eventos, memoria. Las relaciones, culturas y lenguajes se transforman, mientras se mantienen los viejos sistemas basados en luchas de poder y conquistas, los sistemas económicos depredadores, los fundamentalismos ideológicos, que perpetúan una confusión nacida hace miles de años en un tiempo y entre gentes que creyeron necesitar de esa violencia para sobrevivir, y que no tuvieron reparo en construir sus sueños sobre los cadáveres de sus hermanos. Desde entonces caminamos en la cuerda floja, porque del dolor y la muerte no se escapa a través de ningún sueño, ni son garantía del paraíso.

En los últimos tiempos hemos desvelado muchos misterios, hemos descubierto con emoción nuevos horizontes, como dijo Stephen Hawking: «Solo somos una raza de monos avanzados en un planeta más pequeño que una estrella promedio. Pero podemos entender el universo. Eso nos hace muy especiales».

Pero también dijo: «El peligro radica en que nuestro poder para dañar o destruir el medio ambiente o a nuestros pares, aumenta a mucha mayor velocidad que nuestra sabiduría en el uso de ese poder».

Stephen Hawking murió el 14 de marzo, unos días antes del Equinoccio de Primavera. Lo sueño convertido en miles de partículas conscientes viajando al interior de sus hermosos agujeros negros.

Esta tensa primavera traduce nuestra inquietud y la necesidad de ese equilibrio necesario frente a los cambios, la muerte misma es un cambio y entre aceptar su proceso o pelearnos y resistirnos a ella, hay una diferencia en cuanto a la calidad de la transición.

La propuesta de esta Luna Semilla puede ser la de ser valientes y reconocer lo que están cambiando y necesita fuerza para crecer en nuestra vida, pero a la vez necesitamos equilibrio e intuición para dejar ir, para cerrar etapas sin violencia, sin destrucción, aceptando esos finales y reconociendo en ellos el aprendizaje, el descubrimiento, la sabiduría que encierra cada experiencia.

Estamos en medio de un terrible aprendizaje, los demuestran guerras como la de Siria, ojalá todos los corazones sintonicen por fin con una transformación que no implique violencia, dolor y destrucción. No forma parte de la naturaleza humana, en todo caso del viejo paradigma que se termina.

Todos atravesamos ahora alguna trasformación, finales y cambios que forman parte del flujo natural de la vida, por eso en los antiguos rituales agrícolas se celebraba en primavera el ciclo anual de muerte y resurrección de la semilla, reflejado en los ciclos del sol y de la luna y de todos los seres. Actividades, proyectos, todo nace y muere en un ciclo eterno y deja su semilla para el siguiente ciclo.

Honremos en nuestra vida el ciclo que se cierra y saludemos su semilla, que alimentará con su información y energía el ciclo nuevo que comienza.

Concepción artístico de un agujero negro de masa intermedia distorsionando la luz de las estrellas de un cúmulo en el fondo. Crédito: CfA / M. Weiss

 

 

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