LUNA NUEVA DÍA 23, ABRIL DE 2020

La diosa primavera, con sus cambios de temperatura, sus luces, sus pájaros, sus lluvias, sus flores y sus brisas, invade los rincones del confinamiento. Ella es imparable, incontenible, inabarcable, una potencia que renace, que crea y crece más allá de nuestras dudas o juicios. Sin Ella no habría ganas, ni ilusión, ni deseo, no habría existencia. Ella es, a pesar de todas las formas en las que hemos intentando controlarla y manipularla. Es a pesar de nuestros miedos.

Foto de Mario MMontoya

En sus ciclos teje y desteje una realidad que, en nuestro viaje adormecido, deja un rastro de vagos recuerdos, de emociones y sensaciones, de señales reflejadas en el fondo de la caverna. No pudimos nombrarla y la convertimos en arte, en símbolo y en mito, pero Ella es lo real.

La Luna Nueva de abril es la luna de Tauro, el toro, que con sus cuernos representa sus fases creciente y menguante, uno de los animales asociados a la diosa neolítica, a su extensión, su anchura, su sostén y su fertilidad. El toro era un aspecto de la cambiante diosa, Tierra y Luna, espacio y tiempo, masculino y femenino; de su potencia fecundadora y su ancho útero. El toro era la lluvia y el semen estrellado, y el polen de las flores, y la vaca celeste con su chorro de estrellas en la Vía Láctea.

Las diosas neolíticas eran madres, hijas y ancianas sabias. Eran las señoras del amor y la belleza, de la muerte y el renacimiento, de los partos. Eran las que prendían el fuego del puchero, las que guiaban en los caminos, las que encendían la luz del camino del corazón. Las que abrían manantiales en las rocas, las que soplaban sus vahos sanadores en las aguas termales, las que señalaban la entrada de las cuevas y abrigos.

Todas simbolizaban los diferentes aspectos de la Madre Naturaleza, que a todas y todos paría y sostenía, llamada Gea, Rea, Deméter, Dana, Nammu, Mammi, Nanna, Tiamat, Nut, Anahita, Antu, Potnia, Cibeles, Dione, Guan Yin, Ane, Pachamama, Tonantzin, Ixchel… Las que representaban la naturaleza respecto a su espacio y extensión, como sostén y alimento de todos los seres, como la Tierra.

Y Temis, Febe, Selene, Ix U, Nix, Thea, Chang ‘e, Ariadna o Aridela, la que guía con su ovillo de hilo y su corona de estrellas. Isis, Ilitía, Lucina, Hécate, Artemisa, Astarté, Tanit, Isthar, Inanna, que representaban su aspecto celeste, el tiempo y sus ciclos, a la luna, el sol y las estrellas, que guiaban con sus ovillos de oro y plata los ciclos de la vida.

Muchas diosas de la luna eran triples, como las Nornas o las Moiras, que tejían el destino de los humanos; como Brigid, que enseñaba a crear herramientas, a dialogar con los animales y vegetales, a reconocer los ciclos y a mantener la llama encendida para no perder el camino. O Hécate, que protegía y guiaba en las encrucijadas de la vida y ayudaba a reconocer la intuición verdadera. Ellas representaban el aspecto temporal y cíclico de la naturaleza, la energía en continua transformación.

De todas ellas, la luna nueva de este mes tiene como símbolo y esencia a Potnia Theron, la diosa de aguda mirada, que fue dibujada, grabada y esculpida sujetando en alto y sin miedo a dos serpientes, o sujetando un león y un ciervo erguidos, aliados a los costados de la diosa, o dos leones, dos caballos, dos toros. Potnia es la antigua Señora, Amante de los animales y diosa del laberinto; una primera versión de Ariadna, la diosa que nos recuerda lo esencial, la vida real, el caminar cotidiano, el paso siguiente. La que nos acompaña con su luz, que es en realidad nuestra propia luz de la intuición, nuestra consciencia despierta, y nos recuerda que no tenemos otra cosa que hacer que reconocer y seguir nuestro camino, y no olvidarnos cuando se estrechen las curvas en el laberinto del mundo, en el misterio inefable que es la vida.

Potnia es la diosa que nos lanza su aguda mirada para que abramos los ojos y recordemos lo esencial, para que nos reconozcamos en nuestro día, en nuestro presente, donde están todas las encrucijadas, donde de verdad elegimos el cómo, para qué, porqué… En ese presente está la luz, la llama encendida; su riqueza es el tiempo y su poder es el espacio; su presencia es la intuición y la atención puesta en el quehacer de cada instante, un quehacer lleno de sentido cuando me conecta con la realidad que soy y que vivo, con las persona que amo, las cosas que aprendo, los colores y los sonidos que percibo; con mi valentía, con mi claridad cuando me reconozco en el espejo del silencio, o del miedo, con mi vulnerabilidad cuando descubro que soy parte de Ella. Cuando me descubro un yo soy en un somos, social, amante, empático, necesitado, cooperativo, sensible.

Potnia era también Orthia, protectora de la naturaleza, la vegetación y la fertilidad. Su arquetipo contiene fuerza y valentía para proteger los nacimientos y el crecimiento de todos los seres, para proteger el espacio y el tiempo de cada criatura, su evolución y su lugar en el ecosistema planetario.

El toro era uno de sus animales, asociado a la fecundidad de la naturaleza y a su sensualidad, que se convertirá en el dulce amante de la diosa como Dionisos, el dios Toro. Más adelante será suplantado por Zeus, que tomará la forma de un toro blanco para seducir a Europa, raptarla y llevarla a Creta, donde la dejará abandonada con tres hijos, entre ellos Minos, el rey que formará parte de la leyenda del Minotauro y su laberinto. Un cuento que sirvió a los nuevos dioses masculinos para denigrar el  poder de la diosa naturaleza, convertir un aspecto de sus manifestaciones en monstruos y justificar así un desprecio que nos ha convertido en sus depredadores.

La Luna Nueva de Tauro tiene esa energía original de la naturaleza sin domesticar, de su abundancia y su belleza, la de las flores y el zumbido de los insectos, que nos sorprende y nos despierta del letargo. Ella se muestra ahora en todos esos animales que aparecen en las calles, las plazas, los parques, las playas, en esos espacios ahora vacíos. Flamencos, patos, lobos, jabalíes, ciervos, delfines… Ella sigue sus ciclos.

Esta Luna Nueva estuvo el jueves en conjunción con Urano, el arquetipo celeste que siembra las semillas de lo nuevo. Las semillas que dibujarán el futuro con la llama de la ciencia, la inspiración, los descubrimientos, las nuevas tecnologías y herramientas, el conocimiento, la consciencia; de una evolución que no será sin el diálogo y la cooperación planetaria.

Urano en Tauro rompe con los antiguos símbolos y sistemas asociados a la idea de abundancia, del poder del dinero, de la economía y los mercados; cuestiona las pasiones que dibujaron nuestros sueños de prosperidad en la segunda mitad del siglo XX.

Urano parece aliarse con el viejo toro de la luna para recordarnos que ese viaje consumista no es sostenible en los ciclos, que la extensa tierra, que la fértil naturaleza, no se recrea en ese despilfarro; que sus climas, sus colores, sus brisas, pueden transformarse en huracanes y desiertos; que la supervivencia es cooperativa o no es; que su fuerza creadora es imparable y nos pondrá en nuestro sitio a todos por igual. Su propuesta de cambio, aliada con las diferentes crisis, no dejará lugar para la retranca. Terca, imparable, sus propuestas de evolución nos llegarán inspiradas en la investigación, la ciencia, la tecnología; envueltas en la palabra mágica, consciencia, esa experiencia del observador, de ser y de actuar, que no puede ser aprendida, que surge cuando dejamos que el silencio limpie nuestro cerebro de viejos prejuicios, cuando aprendemos a conocernos, cuando miramos hacia dentro con honestidad, cuando nos remangamos para actuar en nuestra pequeña parcela cotidiana.

Una nueva economía planetaria, ecológica y sostenible tendrá que ser equitativa e innovadora, tendrá que valorar esos trabajos que ahora descubrimos esenciales para la supervivencia de todos, cuidar, limpiar alimentar, sanar, esos que fueron infravalorados junto a sus antiguas diosas, a la naturaleza y la Tierra.

Venus es el planeta que rige esta época, como símbolo de la belleza y el placer de la naturaleza en su expresión más abundante y fértil, es símbolo también de la sexualidad y sus placeres, de la vida feliz, de la sensualidad, del estar a gusto, del arte en sus expresiones más armónicas, de la comodidad y la estética. En el territorio venusino, Urano nos interpela sobre el sexo como dominación, como apropiación del cuerpo del otro, como objeto de consumo, como florero.

Estamos en un pozo, en un giro oscuro y complejo dentro del laberinto, en una encrucijada, y este mes se activa el arquetipo de Urano en Tauro en cuadratura a Saturno en Acuario. Desde nuestro  inconsciente más profundo, que no desde los cielos, donde esos planetas no son más que compañeros de viaje de la Tierra, nos retan a preguntarnos sobre si vamos a seguir como hasta ahora, despreciando la vida, la naturaleza y su belleza, el compartir y amar, en aras de la satisfacción de nuestros compulsivos deseos y exigencias, en aras de llenar nuestros sacos vacíos de ilusión; o vamos a despertar para dialogar con la naturaleza y la vida, para colaborar y crear con Ella.

Desde el encierro, desde esta nueva forma de movernos y salir que se nos anuncia, sentiremos como nunca el placer de esas brisas y olores de la primavera, pero no podremos olvidar que tendremos que abrirnos despacio, tanteando las señales, investigando  nuevos caminos en esta encrucijada colectiva.

La cuadratura de Urano y Saturno nos recuerda que estamos en una crisis profunda, que no solo es la crisis sanitaria disparada por el virus, es la crisis climática, la crisis energética, la crisis económica; crisis que se relacionan con Tauro en su relación con la naturaleza, en su fertilidad y abundancia, que atraviesa también una crisis. Hasta ahora la riqueza material se traducía en poder, a partir de ahora la riqueza material se invertirá en sanidad, conocimiento, investigación, distribución energética y tecnológica, colaboración y productividad compartida.

Mientras Urano señala los nuevos caminos en ese sentido,  las cuadraturas que se irán dando desde los planetas en los últimos grados de Capricornio y los primeros de Acuario, nos indican las reticencias hacia ese proceso desde los diferentes intereses y desde el entramado burocrático, que se ha vuelto tan lento y tan pesado. Pero hay una urgencia y una aceleración en marcha, la necesidad exigirá actuar con agilidad. A pesar de la confusión, creo que iremos encontrando las nuevas formas, diseñando las alternativas, abriendo el corazón de la economía para hacerla más cooperativa, saltando a nuevas dimensiones de intercambio, diseñando nuevos modelos de supervivencia, nuevas formas estéticas, una nueva relación con el cuerpo propio y el de los demás, del cuidado y del cariño. Una nueva relación de valor con la naturaleza, de la que formamos parte, y que se extienda a sus playas, sus campos, sus montañas, sus vegetales, sus animales, sus climas, sus mares, sus ríos, sus fuentes, a nuestra memoria y cultura en un sentimiento de unidad.

Es tiempo de despertar, de activar la intuición, la conciencia individual y colectiva, la creatividad, la cooperación, la innovación. Es tiempo de sembrar las semillas de lo nuevo.

Desde hoy sábado, que ya estamos en la luna semilla, y hasta el primer cuarto creciente, que será el día 30 en el signo de Leo, hago una propuesta. Diseña tus semillas sobre el dibujo de un árbol. Dibuja o escribe en las raíces esas experiencias y aprendizajes que ahora te están ayudando en los días del encierro, frente a los miedos, la incertidumbre o la desconfianza.

Dibuja o describe en el tronco tu presente, tu situación física, emocional, mental, económica, social, familiar,  lo que te preocupa, lo que descubres, lo que aprendes, lo que te ayuda, te entretiene, te gusta.

Luego empieza a dibujar la ramas del árbol, cada rama será algo que quieres y crees posible en tu nuevo futuro. Una rama será tu sostén económico, otra diseñará tu trabajo o profesión, sin fantasías, entre lo que hay y lo que puede haber, lo que puedo innovar o investigar. Otra rama es el amor y las relaciones, otra es mi cuerpo y su salud en todos los niveles. Otra  rama es creativa y cultural, otra rama es social y colectiva…

Decide qué temas y sus ramas son más importantes ahora, dibuja o escribe el inicio, la nueva semilla, o un nuevo injerto que puede servir para reflexionar, para ver más claras algunas cosas, para modificar y mejorar el Árbol de la Vida, mientras atravesamos este tiempo de cambios.

 

 

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