LUNA NUEVA – 26 DE NOVIEMBRE DE 2019

En el bosque profundo, donde habitan los mitos, “un viejo búho se sienta solitario sobre la rama de un gran árbol”, dice Dan Rudhyar en su libro: Un mandala astrológico. Y continúa: “Una aproximación sabia y equilibrada a la existencia, basada en una clara percepción de factores inconscientes y de su operación”.

Marte está en Escorpio horadando nuestra capa de respetabilidad, rompiendo la imagen perfecta de nosotros mismos, enfrentándonos con nuestras miserias, los celos, la envidia, el rencor, la rabia, la competencia… Un descrédito para esa imagen perfecta que nuestro ego se empeña en mostrar, y que estalla como una burbuja de cristal cuando las sombras de nuestro bosque interior, nuestro inconsciente, entran en acción movidas por todos esos deseos inconfesables que las alimentan.

Mientras Marte recorre los primeros grados de Escorpio, forma oposición a Urano en los primeros grados de Tauro, un aspecto explosivo que nos durará hasta que Marte llegue al segundo decanato de Escorpio el cinco de diciembre. Un tiempo de erupción volcánica en el que podemos convertirnos en búhos o en lagartos, mientras todos nuestros viejos sueños estallan frente a una realidad aplastante y caótica que parece invitarnos a olvidar utopías y convertirnos poco a poco en viejos escépticos.

Desesperados buscamos respuestas en un más allá que se ha vaciado de contenido, mientras el búho sabio que habita en el fondo del inconsciente, entre las sombras, ulula en la noche del espíritu proponiéndonos el viaje al corazón de las tinieblas, el viaje a la verdad interior, el camino humilde y sosegado del peregrino y del observador.

La imagen del búho nos propone mirar más allá de la superficie y reconocer las pulsiones inconscientes que movilizan nuestras acciones y decisiones, que nos sabotean, nos condicionan y nos configuran. Solo adentrándote en ese bosque oscuro, de la mano del búho guía, alcanzamos la paz de la reconciliación y la sabiduría. Todo lo demás es un camino deslavazado, a veces adormecido, y casi siempre lleno de altibajos hasta la disolución definitiva.

Sagitario es el arquetipo del arquero que lanza su flecha por encima de su cabeza hacia un más allá que supone lleno de promesas. Pero el arquero tiene cuatro patas y la cola de un caballo, y solo su torso, sus brazos y su cabeza son humanos. Una imagen vale más que mil palabras. Parece evidente que este arquero mitad animal y mitad humano, este centauro, traduce en imagen el concepto de evolución, una palabra que se extiende en una variedad de interpretaciones y significados no siempre inocentes.

Evolutivo puede ser interpretado como un camino de crecimiento que lleva de un estado inferior a otro superior, lo que supone un juicio de valor, vamos de una situación peor a una mejor. Una idea que debemos poner en cuestión, ¿es mejor un humano que un caballo?

Evolutivo ha sido visto en el pasado como un camino lineal de crecimiento hacia algo mejor, ¿más evolucionado? ¿Qué significa más evolucionado? Otra idea puesta en cuestión, hoy sabemos que la evolución de las especies no es lineal sino ramificada, y que no hay una escala de valores y capacidades en ella sino una cuestión de oportunidades y ecosistemas, y de neguentropía. Ver en la grulla.

Una revolución que convierte la palabra evolución en un concepto asociado a intercambio, capacidad de adaptación, creatividad y transformación de la energía. ¿Si eso es así, hacia donde lanzan su flecha la luna y el sol mientras cabalgan sobre las cuatro patas del caballo? Hacia las profundidades del bosque sagrado, el lugar de los misterios que guarda la memoria, el inconsciente personal y colectivo donde habitan los arquetipos en su baile de máscaras y nos enfrentan con lo esencial de la realidad física.

Somos arboles que caminan, animales pensantes, buceadoras de sueños, anhelantes, ansiosos, llenos de fantasías caminamos hambrientos buscando un mas allá de plenitud y felicidad, y abandonamos el campo del presente a los cazadores de corazones, unos que ya abandonaron completamente su fe y su alegría y se alimentan de nuestro desencanto y de las sombras que nos habitan.

Construcción AL6 (1933-1934) László Moholy-Nagy - Institut Valencià d'Art Modern
Construcción AL6 (1933-1934) László Moholy-Nagy – Institut Valencià d’Art Modern

La revolución de la consciencia, que nació a principios del siglo XX cuando las vanguardias de artistas decidieron romper con los cánones e investigar más allá de ideas y religiones; cuando nació el psicoanálisis y la investigación en los mitos y arquetipos; cuando se extendió una revolución social que cambió el mundo conocido; cuando se abrieron los horizontes culturales y comenzamos una exploración que nos llevó a la luna; cuando las mujeres empezamos a romper las cadenas que ataban nuestras patas quebradas a las camas y las cocinas; cuando la física rompió el espejo; cuando los trenes, coches, barcos y aviones acortaron las distancias y aceleraron nuestro caminar por el planeta; cuando aprendimos a leer y los libros empezaron a crecer y a extenderse en todas direcciones; cuando las primeras fotografías comenzaron a enlazarse y moverse, crearon escenas parecidas a la realidad y nació una nueva forma de contar. Cuando el centauro peregrino se convirtió en astronauta.

Allí nació el mundo que ahora emerge poco a poco entre las cenizas de las batallas y los miedos impuestos por las luchas del poder. Este mundo emerge ahora como una semilla que rompe el manto de tierra, Urano en Tauro, para empezar a mostrarnos sus posibilidades.

Una oportunidad de renovarse y hacer cambios, pero que encierra el peligro de las precipitaciones, el estrés, las tensiones y los accidentes, mientras Marte esté en oposición a Urano hasta el cinco de diciembre.

Revueltos en ese extraño dialogo entre Marte y Urano, no podemos olvidar que Júpiter y Venus se abrazan en el cruce entre Sagitario y Capricornio, un punto clave en el que se cruzan el otoño y el invierno, en el que nuestros sueños pasan por la criba de la realidad y se crean o se abandonan en las cunetas de la vida. La puerta del invierno esta construida de viejos huesos cargados de memoria.

Júpiter y Venus se abrazan en esa puerta y hemos podido verlos compartir su amor con la lunita semilla en la tarde del jueves. Una preciosa reunión en el cielo, una amorosa y tierna reunión que se da en resonancia en cada molécula, en cada resquicio, en cada mirada, en cada silencio, en cada recuerdo. Y esto es importante, porque solo nos perdonarán las sombras y nos dejarán verlas de frente si las abrazamos, y solo podemos hacerlo si también abrazamos la memoria con sus luces y sombras.

Lo bueno de este abrazo es que dialoga en armonía con Urano, una etapa de cambios que nos abren a nuevos horizontes, actividades, conexiones y entendimientos, justo antes de los eclipses que envolverán a las Navidades y que se producirán cerca de la conjunción de Saturno y Plutón en Capricornio. Una etapa crítica para la que podemos pertrecharnos ahora, quizás alimentando esa zona del corazón, la más cercana y honesta, esa zona que  reconoce sus sombras, sus emociones oscuras y por eso ama y comprende, esa zona que nos empuja a colaborar, a sentirnos cercanos, a reconocer al otro, a disfrutar de la vida a cada paso y a compartir sin fronteras, sin ideologías, sin religiones, sin diferencias, sin roles, porque todos somos naturaleza.

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