ECLIPSES DE JULIO 2019

Comunicar con otros, con el ambiente que nos rodea, con nosotros mismos. Todo lo que existe comunica por su forma, por su sonido, por el espacio que ocupa. Todo esta interconectado en redes de comunicación.

En nuestro cuerpo existe una red de comunicación que avisa de sus necesidades, su cansancio, su dolor, su estrés o placer, y una red de comunicación en la psique, por eso cuando caemos dormidos se disparan los sueños, esos viajes surrealistas en los que el inconsciente aprovecha para organizar la información acumulada, limpiar memorias y actualizar el disco duro del cerebro.

Nuestro cuerpo desplaza el aire a su paso, respira, ingiere alimentos y deja desperdicios; emite y recibe sonidos, mueve objetos, transforma espacios,  recuerda, ríe, llora, se viste y desviste, toca, siente, ama. Continuar leyendo «ECLIPSES DE JULIO 2019»

Los eclipses en el eje Capricornio y Cáncer.

El eclipse parcial de Sol del día 6 de enero, en la Luna Nueva de Capricornio, abre la puerta de un año, de un ciclo, de una época llena de preguntas. Qué pasara con el clima, qué vamos a hacer con los plásticos, material desechable de esta sociedad de consumo, tan reciente y tan atiborrada de basura. Qué fuentes de energía moverán nuestro futuro, ya muy cercano. Qué pasara con los robots, qué nuevas tecnologías van a infiltrarse en nuestras vidas, cómo van a cambiar nuestra organización, supervivencia, cultura y relaciones. Cómo vamos a superar las contradicciones de un mundo que se abre, se amplía, se transforma; que busca nuevos modelos, igualdades y derechos; que fragua nuevos lenguajes; que se acelera mientras rompe con los viejos paradigmas.

Cada año dos pares de eclipses dibujan puntos de cruce en el diálogo entre la Tierra, la Luna y el Sol, y este año ese diálogo comienza en el eje Cáncer – Capricornio, los signos de los solsticios, puntos de cruce del ciclo solar que los griegos simbolizaban como puertas de entrada en la materia, puertas de creación y manifestación. La de Cáncer simbolizaba el nacimiento en el plano físico a través de la madre. La de Capricornio era la puerta del individuo consciente y responsable de sí mismo, del nacimiento en el plano mental y creativo.

Es posible que el eclipse de Sol, con el que comienza 2019, abra una ventana a la consciencia.

Es posible, quizás porque en el caos de frases y acciones alocadas, confusas, tergiversadas, de un mundo que parece haber perdido el norte, la cabeza, la razón, la lógica y la honestidad, se vuelva cada vez más urgente asumir el compromiso y la responsabilidad de volvernos humanos conscientes, de despertar, de darnos cuenta de lo que le decimos al otro, de lo que nos decimos a nosotros mismos, de lo que le decimos al mundo con nuestras acciones y decisiones. No existe consciencia sin honestidad, sin elección responsable y comprometida con la razón y la ética, con el beneficio para todos los seres del planeta y el universo. Lo otro, el beneficio para mí y los míos, la violencia, la discriminación, el odio, pueden reflejar el miedo, pueden nombrar pasiones, emociones, instintos básicos, pero nunca reflejan consciencia.

El arquetipo del eclipse de Sol se grabó en nuestro inconsciente ancestral como un aviso, una advertencia, una llamada de atención. El eclipse de Sol en Capricornio, el signo de la madurez y la responsabilidad, puede ser un símbolo y un aviso de que es urgente una nueva luz en las mentes de los humanos, que ya somos los responsables del planeta y los seres que lo habitan.

Tenemos un gran poder, ¿somos capaces de ejercerlo para mejorar el planeta y a sus habitantes? ¿Para ser y hacer felices a los que nos rodean? ¿Para crear y actuar en beneficio de todos? O vamos a ejercerlo para destruir, difamar, despreciar, para aniquilar las posibilidades, las formas de vida, las creaciones, la posibilidad de crear una maravilla.

La clave está en la comunicación, en el diálogo. No hay otra forma de evolucionar que no este en el entendimiento, en la comprensión, en la empatía, en eso que llamamos amor y que se confunde tanto. Diálogo que nos conecte, que se sustente en palabras, imágenes, símbolos, que cree puentes y no amenazas. Porque las palabras y las imágenes pueden ser espadas, demoler puentes, construir muros, despedazar, destrozar y violentar. Por eso la necesidad de la consciencia. La puerta de Capricornio es la puerta de la responsabilidad individual.

El reto que nos propone este eclipse: una alianza colectiva, global, planetaria por la cooperación, la solidaridad, la comprensión, la empatía, la unidad y la comunidad.

Necesitamos una acción activa y decidida para conocer y comprender. Que se iluminen las mentes, que despierten, que nazcan, que salgan a la luz las ideas, las intuiciones, la inspiración. Que conozcamos lo que está oculto para restaurar el equilibrio y aprender. Que nos demos cuenta de que solo en la cooperación esta la vida, ese misterio.

Este es el reto que abren los Nodos de la Luna entre Capricornio y Cáncer, los lugares en la elíptica donde se producen los eclipses en los años 2019 y 2020. Reto que presiden dos planetas lentos en Capricornio, Saturno, que llegó en diciembre de 2017, representa el arquetipo de la sabiduría, la madurez, la responsabilidad y la consciencia. Y Plutón, que llegó a Capricornio precisamente en el 2008, el año en que se disparó la crisis económica. No olvidemos que Capricornio representa en la sociedad las estructuras del poder, y Plutón, entre otros poderes, representa el poder financiero. ¿Saben astrología los poderes financieros de este planeta? O es real esta extraña sincronicidad entre planetas y acontecimientos terrestres… Creo que ambas respuestas son posibles, de hecho, fueron los poderes los primeros en utilizar los astros y los eclipses para controlar a los pueblos. Todo configura modelos y estructuras, y nuestra creatividad, aunque sea desde el egoísmo y el interés manipulador, tiene un poder increíble para transformar la realidad. Otro punto de reflexión para pensar e ir hacia la consciencia.

Durante el eclipse del 6 de enero, Saturno y Plutón se han visto acompañados por el Sol, la Luna y Mercurio, todos en Capricornio, tres planetas y dos luminarias. Un balanceo de objetos celestes que enfrenta a Cáncer, donde solían vivir las mujeres, centradas en sus úteros, sus maternidades, sus hogares y su cuidado; alejadas de poderes, decisiones y responsabilidades sociales; mujeres que ahora deciden y eligen, que se sienten y son iguales y ya no quieren dejar que otros las representen; que quieren influir y participar de los asuntos del mundo. Todos y todas estamos saliendo de la caverna, todos y todas queremos ver la luz, a pesar de que todavía a veces nos confundimos y nos dejamos engañar, o nos vence la pereza y nos arrellanamos en el sillón y nos tragamos todo lo que dicen esas figuras espectrales de las redes de Internet y las televisiones.

Pero a todos nos llega nuestro tiempo de madurar y no se madura sin desarrollar espíritu crítico, sin conocer, sin abrir la mente, sin intentar comprender, sin asumir las propias decisiones y responsabilidad, sin darse cuenta de que elegir es un acto de consciencia. Sin comprender que a pesar de que no podemos elegir muchas cosas, sí podemos elegir cómo las vivimos, qué actitudes, qué ideas elaboramos entorno a ellas, qué pensamos y decimos sobre el mundo.   

Pronto Saturno y Plutón formarán conjunción en Capricornio, es uno de esos momentos épicos de la astrología que muchos estudiosos han asociado con acontecimientos radicales que han transformado las sociedades de los humanos, muchas veces relacionados con cambios climáticos y geológicos; no podemos olvidar que el gran poder, más allá de todos los demás poderes, está en el planeta que nos sostiene y en su naturaleza.

El primer acercamiento significativo entre Saturno y Plutón será ya en marzo de este año 2019. En Julio se alejarán un poco para volver a acercarse en diciembre de 2019, en que harán su primera conjunción, que será exacta a mediados de enero de 2020.

No me interesa predecir, no creo en el destino ni en las adivinaciones, solo observo imágenes simbólicas e intento buscar su latido en el fondo del inconsciente colectivo, donde se fraguan nuestras creaciones humanas. Éstos dos quizás simbolicen una crisis definitiva de las estructuras que han sostenido nuestras sociedades en los últimos cinco mil años. Que sea más o menos dura esa transformación creo que dependerá de nuestra capacidad para aceptar los cambios, para aprender, conocer y reconocer, para darnos cuenta de las oportunidades que se abren cuando un ciclo se cierra, para dialogar, comprender y madurar como humanidad, para hacernos conscientes, construir juntos y unirnos al cambio que late en las profundidades de la naturaleza y el planeta.

ECLIPSES DEL VERANO II

El segundo eclipse – 27 de Julio de 2018.

Eclipse total de Luna durante la fase de Luna Llena  a  4º45′ de Acuario.

Un eclipse de Luna se produce cuando, en la fase de Luna Llena, la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol. Es una oportunidad de ver la sombra de nuestro planeta y sentir como nuestros antepasados, cuando no existía la luz eléctrica ni los grandes telescopios  y elaborábamos la experiencia gracias a la imaginación.

La Luna ayuda a que la Tierra se mantenga en su órbita y es clave en muchos procesos físicos y biológicos. Su influencia no solo está en la gravedad, también está asociada a sus fases de luz y oscuridad. Las noches sin Luna serían tenebrosas y calladas durante su fase oscura, pero cuando aparecía su finísima curva de luz, en la primera luna creciente, todo volvía a comenzar y la Luna nacía, crecía, maduraba, decrecía y moría en el cielo otra vez, como en cada ciclo, y con ella las actividades de plantas, animales y humanos; sus alimentos, sus descansos, movimientos y cambios, sus nacimientos y muertes.

Con ella nacieron los símbolos y la psique. La Luna fue piedra, cuenco, cesta, fuente, barca, lobo, serpiente, cierva, árbol, fruto, flor, cadáver, miedo, deseo, recuerdo, juego, futuro, canción, danza, sexo, hijos…  De ella debió nacer la primera espiral que dibujaron nuestros ancestros, seguro que para recordar que habían entendido algo fundamental sobre la vida y la energía: que todo es cíclico. Que vivimos y somos ciclo que se repite y se transforma hasta el infinito de nuestro entendimiento.

En vez de círculos cerrados, dibujábamos espirales y ochos, la mejor definición de los ciclos reales, mapas y aviso a caminantes: nada cerrado crece y se mantiene en el ciclo, sólo lo abierto se recicla y transforma y vuelve a nacer. Resistirse al cambio bloquea y desgasta energía, aceptar el cambio suaviza sus aristas y recupera energía.

Esos dibujos señalaban un conocimiento fundamental para elaborar las actividades, para invocar a la fuente, alimentarnos, inspirar nuestros sueños, construir los primeros relatos y elaborar el lenguaje.

Desde este punto de vista no es difícil imaginar el impacto de un eclipse, sobre todo de un eclipse total, en el que la Luna  se oscurece hasta desaparecer en el cielo, a veces roja de sangre y acompañada, como la del día 27, con Marte tan brillante y tan cerca, tan fiel a su movimiento en el cielo, como un hijo, un amigo, un amante o un aliado.

Pero Marte retrógrado en esta ocasión nos pone en contacto con algo muy importante: desde que su arquetipo básico de acción e iniciativa pasó a formar parte del bagaje cultural de lo masculino en el patriarcado, fue separándose de su unidad esencial y degenerando en formas de violencia y dominio.  De artesano se convirtió en guerrero y se acostumbró a vivir de la lucha, de la muerte y del poder.

Esta Luna eclipsada en sangre, acompañada de un Marte estacionario, escenifica  un conflicto nacido en el sistema guerrero y patriarcal que ha llegado al agotamiento y desperdicia la energía de amor y vida en dolor y miedo, que desacredita nuestro lugar en la naturaleza, que desprecia y agota el planeta, que destila sufrimiento entre mentiras que ya no son otra cosa que una vieja piel.

Si la Luna llena nos daba vitalidad y emoción, cuando ésta llegaba eclipsada la sentíamos bloqueada, atrapada por algún monstruo que intentaba robarnos el tiempo. Esto debió inspirarnos un terror que se disipaba cuando la Luna volvía a emerger de las fauces del dragón, otra vez llena y brillante. ¿A dónde habría ido la luna? ¿Qué habría visto mientras viajaba al vientre de la ballena? ¿Traería algo de su viaje al misterio?  Nos trajo todos los arquetipos asociados a la muerte y la resurrección, al viaje a los infiernos del tártaro de Perséfone, de Eurídice, de Psique, de Dionisos, de Hermes. Símbolos de las encrucijadas y crisis de la vida, puntos de cruce, portales en los que morimos a un aspecto, a una forma, a una vida y nacemos a otra.

Los eclipses son símbolos de esa verdad, de la vida con sus transformaciones, del niño al adolescente y de éste al adulto, y después a la madurez, el envejecimiento y la muerte. En cada cruce un resultado, una huella en el mundo, grande o pequeña, una esfera de memoria, una espora de sueños y una piel vieja que se pudre en algún rincón y que puede quedarse adherida a la siguiente etapa. Por eso los eclipses evidencian la necesidad de conciencia y reciclaje de hábitos, de ideas y de recuerdos, para cruzar ligeros de equipaje, sin el peso de los viejos reproches, culpas, carencias y miedos.

Podemos aprovechar el eclipse para ponernos en sintonía con la Luna y viajar de la oscuridad a la claridad, del bloqueo a la liberación, de la parálisis al movimiento, de la costumbre a la innovación, de la debilidad a la fuerza, del dominio a la cooperación. Para rebuscar en los rincones y sacar las viejas ropas, ideas, creencias y costumbres, y ver si están o no en el nuevo ciclo, y cambiar.

En este eclipse podemos jubilarnos de una repetición y jubilarse viene de júbilo. Más adelante, en el siguiente eclipse, que será un eclipse parcial de Sol en Leo, el 11 de agosto, la creación de algo nuevo estará en marcha y nos tocará cuidar su crecimiento para que ninguna ropa vieja pueda bloquearlo.

 

Collage realizado con las fotos de Marita y Laura. 27 de julio de 2018. Gracias.

 

 

 

 

 

 

LOS ECLIPSES DEL VERANO

El primer eclipse – día 13 de Julio.

 

Será  un eclipse parcial de Sol  a  20º41′ de Cáncer, durante la fase de Luna Nueva, y ocurrirá en España y Europa durante la madrugada por lo que no podrá verse en esta zona del planeta.

Durante un eclipse vemos la sombra de una de las luminarias sobre la otra, algo espectacular que nos ayuda a tomar consciencia del sistema en el que estamos inmersos, de la presencia física de nuestro planeta y de su relación con la Luna y el Sol, que en su sincronía han propiciado la vida y nuestra presencia en la tierra, y que al manifestar sus eclipses nos proponen reconocer esa realidad física indiscutible.

Mientras nuestro cerebro se alimenta del cuerpo, de sus proteínas, vitaminas, de su carne y sangre, también ha sabido fabricar drogas muy efectivas que nos llevan a fantasear y a soñar sentidos y transcendencias. Como el amor romántico, la droga que sirvió a los primeros dominios patriarcales para crear las bases de sus pirámides, las que nacen en la dependencia de los vínculos genéticos y los apegos emocionales.

Ese es el territorio de Cáncer, la familia. No lo femenino, porque asociar lo femenino a la familia fue parte del engaño, fue la forma de someter a la mujer a través de su útero y de robar al hombre su propio útero interno, su estómago, y de esta forma aprovechar su energía en el trabajo para otros.  Un engranaje muy bien construido hace 5000 años.

La Luna como regente de Cáncer no es femenina ni masculina, está más allá de esas imágenes mentales. Fue significada por los humanos ancestrales como un ser andrógino que en su caminar celeste marcaba los ciclos de las aguas, los animales y las plantas, por lo que servía para crear un calendario que nos permitía alimentarnos y sobrevivir en un mundo sin supermercados ni cultivos intensivos.

La observación de sus fases y ciclos y de su sincronicidad con los cambios en la naturaleza, nos ayudó a crear calendarios con los que conocer en qué épocas están llenos o vacíos los cangrejos, cuando maduran las castañas o  paren las hembras de los carneros. De esta forma la Luna se convirtió en el vínculo cíclico que nos permitía dialogar con la naturaleza y vivir en ella,  el gran vientre de la vida.  Una vida, una Luna y Sol, una potencia andrógina que nacía de sí misma y manifestaba las más variadas transformaciones de la energía. Todavía no existía esa polaridad sexual tan  acentuada que hemos heredado del patriarcado. En sus fases representaba aspectos diferentes del ciclo vital y de sus manifestaciones, como el embarazo y el parto, la juventud,  la vejez, la muerte, los hombres verdes, como los Cernnunos o las mujeres abundantes, como las Venus esteatopigias.

Los eclipses nos recuerdan nuestro origen y el origen de esos símbolos iniciales que luego, en sucesivas capas de interpretaciones, dieron forma a la Psique. Nos sirven para actualizar esa memoria ancestral y borrar los patrones erróneos, en el sentido en que nos hayan desvirtuado como Humanos conectados al vientre de la vida y por lo tanto, de nuestro vientre interno, de nuestro cuerpo y de la casa que lo contiene, la tierra, y en cada uno, de nuestra propia casa, cama y cocina, lugares donde está el cordón umbilical de nuestro mantenimiento físico.

De esto trata este eclipse parcial de Sol en la Luna Nueva de Cáncer. De recordar que nuestro cuerpo es el verdadero Grial, la fuente de todo, el vientre/útero donde se fabrican los sueños, las fantasías, los ideales, los proyectos, los sentimientos, la verdad y la consciencia de ser.

Este eclipse  nos recuerda la necesidad de cuidar el cuerpo y con qué lo alimentamos para que fragüe nuestra presencia. De cuidar y tomar consciencia del espacio que habitamos y lo que nos da a cambio de ese cuidado. De tomar consciencia de nuestros vínculos familiares y lo que intercambiamos en ellos, y nos prepara para madurar la elección individual que convierte esos vínculos en experiencias de amor humano más allá de los viejos juegos de manipulación y dependencia.

Plutón es el planeta que hace oposición al Sol y la Luna en el eclipse y nos avisa de que en esos territorios de las dependencias emocionales, en los huecos vacíos de nuestros estómagos, de nuestra desesperación existencial, nacen las sombras del infierno. En los juegos del ego y de la manipulación emocional que someten al ser creativo que llevamos dentro.
Los eclipses no solo nos ayudan a actualizar cosas pendientes, también a descubrir y tomar consciencia de algo de lo que no nos habíamos dado cuenta hasta ahora.

Sobre todo a darnos cuenta de la naturaleza, el cosmos, el universo, las luminarias, nuestros planeta, que nos hacen un guiño en el cielo para recordarnos recuperar el espacio interior, llenarlo de ser y de presencia, y sentir el vientre de la vida con profunda gratitud.