Equinoccio de otoño y Luna Nueva de Virgo

El delicado y gigantesco mecanismo que mantiene a la tierra girando sobre su eje y a la vez alrededor del sol con la luna como aliada, se hace evidente en los solsticios y equinoccios. Mientras los solsticios nos traen o se llevan los rayos del sol, que se convierte así en el ser que nace y muere en el ciclo eterno. Los equinoccios son los puntos de cruce, momentos de equilibrio entre los extremos de la vida y la muerte.

El viernes pasado, 22 de septiembre por la noche, comenzó el otoño en el hemisferio norte y la primavera en el hemisferio sur, y el Sol llegó al sector celeste de Libra.

Marte y Mercurio están en conjunción en Virgo, donde también acaba de llegar Venus. Los tres planetas llamados personales en la astrología tradicional, tres patrones arquetípicos de la psique humana y de la naturaleza. Mercurio como aire, agilidad, movimiento, intercambio, viaje y comunicación. Marte como acción, irrupción, impulso, nacimiento, fuerza, poder, transformación, iniciativa, valentía y decisión. Venus como luz, color, polen, flores, deseo, instinto, pasión, belleza, anhelo, creación y estímulo.

Además, hace sólo unos días, el martes 19 de septiembre fue la Luna Nueva, el encuentro mensual de Sol y Luna, también en Virgo. Asociado al final del verano, representa la vuelta a los quehaceres cuando el calor dejar de apretar y la actividad se vuelve más fácil. La época de la recogida de la uva y de muchas fiestas que con la vendimia celebran todas las demás cosechas y animan al encuentro social, al amor y la amistad que nos harán más amable el viaje por el otoño y el invierno.

Los tres planetas personales y las dos luminarias en Virgo nos recuerdan volver a la realidad cotidiana sin dramatismos, conscientes de nuestra necesidad y de la tarea que nos corresponde y que hemos elegido. Organizar esos días que pierden luz poco a poco y nos proponen atender el futuro con sus nubes, sus lluvias, sus fríos, sus debilidades y cansancios, sus miedos, sus noches largas y a veces solitarias.

Virgo viene de la palabra virgen que en su origen significaba independencia y se asociaba a las personas que no se casaban, lo que significa que  no pertenecen o dependen de otra persona sino de sí mismas. También nombraba a las sacerdotisas de Artemisa, Isthar, Tanit o Afrodita, pero sobre todo simboliza a la Diosa Madre andrógina que dio a luz a todos los seres, a la madre naturaleza con su infinita capacidad para obrar, para crear, para transformar e iniciar. De ahí que la palabra también se asocie a estas cualidades y el prefijo vir- se encuentre en muchas palabras que se asocian a fuerza, así como a todo lo que está en su ser más autentico, como la tierra no cultivada. Es también giro y el equinoccio de otoño es el segundo giro del año solar, la puerta de la oscuridad. Con él llegará el reposo de la tierra, que quedará en barbecho hasta la siguiente siembra.

Este año, con la fuerza de Virgo, llegamos al otoño cargados de actividad y proyectos. Sentimos un fuerte deseo de renovación pero nos enfrentamos a la necesidad de hacer antes una profunda limpieza que nos ayude a poner cada cosa en su sitio,  a dejar atrás lo que es evidente que ya no tiene lugar en nuestra vida. Esos objetos, configuración, espacios, relaciones, lugares, hábitos, costumbres, formas, ropas, estilos, lenguajes…

Este impulso afecta a lo personal en cuanto a que Virgo nos recuerda que, sea cual sea nuestra situación, en realidad todos tenemos una parte totalmente independiente que aspira a ser quien elige, decide y actúa en la vida a pesar de los miedos, de la inseguridad, del pavor que en algunos casos nos da el asumir nuestra propia responsabilidad. Es por eso que a veces nos inmovilizamos en lugares y nos rodeamos de cosas y situaciones que hace tiempo dejaron de cumplir su función, nos convertimos en guardianes del pasado y nos olvidamos de vivir.

Neptuno en oposición a estos tres planetas desde Piscis, asoma su piel de escamas y su tridente sobre el océano de infinitas posibilidades y nos angustia con ellas. Ante la confusión solo cabe no arredrarse y caminar cada día con sus quehaceres y sus decisiones que, si estamos atentos, nos darán las señales de siguientes pasos en el camino.

No es momento de grandes proyectos o decisiones pero sí de preguntarse sobre el territorio que habito, al que doy mi energía. Sobre ese espacio y tiempo que contiene relaciones, muebles, horarios, luces y sombras, y está lleno de señales sobre mi orientación vital elegida o no de forma consciente en el pasado. Ahora podemos preguntarnos ¿representa lo que aspira mi ser más independiente, más sincero, más auténtico? La respuesta marca la diferencia y señala una nueva orientación pero antes, permitámonos estar en la frontera, no nos lancemos hacia ningún futuro incierto. Ahora solo necesitamos organizar esas pequeñas cosas, hacer limpieza de los rincones, reconocer, observar, dejarnos estar en el giro, habitar nuestros lugares internos y externos desde la percepción del vacío y el silencio.

Virgo también es verdad pero a veces lo que es verdad en nuestra vida está tan perdido en el desorden de recuerdos y cosas, que hemos olvidado qué es y dónde se encuentra.

Con este pequeño giro del otoño hacia la verdad interior sería suficiente para hacer un mundo mejor, sin grandes revoluciones, con que cada uno encontrara su verdad en el enredo de las palabras y la memoria de su psique.

 

ECLIPSE PARCIAL DE LUNA 7-8-2017

El lunes a las 20:12 hora europea habrá un eclipse parcial de Luna en el sector celeste de Acuario.

Los eclipses lunares ocurren durante la Luna Llena, cuando la tierra se interpone entre la luna y el sol y proyecta su sombra sobre la superficie lunar.

La Luna Llena se asocia con la energía que florece, con la excitación, el brillo, la expansión y la emoción, pero cuando se produce un eclipse ese brillo se apaga y el tiempo parece caminar más despacio.

Nuestra conexión con las fuentes de la energía psíquica colectiva y con los ciclos de la tierra se manifiesta durante los eclipses de luna en forma de bloqueos, parálisis o situaciones que parecen estancarse. Sentimos menos vitalidad y a veces enfermedades o depresiones, tensión interna, desasosiego, preocupación o algún tipo de limitación o estrés, sobre todo en las dos semanas anteriores al eclipse.

Los antiguos creían que un dragón o serpiente gigante se tragaba la luna durante el eclipse para escupirla después. Pensaban que algún tipo de cambio ocurría en el mundo asociado a ese acontecimiento mítico. Es cierto que sutiles cambios ocurren en la gravedad de la tierra durante los eclipses, cambios que se notan sobre todo en las mareas.

Desde el punto de vista del poder arquetípico que los eclipses ejercen en la psique, los de luna se sienten en el aspecto emocional, el que asociamos a las aguas y al metabolismo del cuerpo con sus procesos hormonales y su intercambio de neurotransmisores. El mágico laboratorio de la vida.

Los eclipses de luna pueden pasar desapercibidos, podemos no asociarlos con nuestro estado anímico salvo que se despierte el recuerdo del calendario planetario que conecta nuestros ritmos vitales.

Observa tu vida en las semanas anteriores al eclipse, qué se ha vuelto lento, qué parece haberse vuelto conflictivo o difícil. Qué te provoca miedo, ansiedad o te confunde.  Quizás todo se rompe o se retrasa, o es tu cuerpo el que parece falto de vitalidad y energía, o es una dolencia que te limita.

Nuestra ancestral búsqueda de diálogo con la naturaleza nos llevó a significar los acontecimientos importantes, como los eclipses, dándoles un sentido trascendente que nos ayudaba a sentir nuestra participación con el todo, a comunicarnos con el misterio. De esta forma nuestra psique profunda aflora en los eclipses de luna y nos recuerda que esas limitaciones, esa lentitud, esa manifestación más o menos confusa o conflictiva es una oportunidad para resintonizar con el ritmo del planeta, para actualizar la vida. Para descansar, purificar, verificar. Para meditar y sentir el silencio que nos conecta con lo trascendente, con el espíritu que todo lo atraviesa, con el alma del mundo. Para abandonar el control.

El sector celeste asociado a la constelación de Acuario simboliza la inspiración, el cambio, lo nuevo que transforma la vida hacia el futuro. La semilla renovada que cada ciclo trae una nueva mutación. Se asocia con las actividades comunitarias y los grupos y amistades que se forman en ellas.

El eje Leo y Acuario, en el que ahora transita la cabeza y la cola del dragón, los Nodos de la luna, nos propone una reflexión sobre nuestro papel en el grupo, en la comunidad, entre los amigos. Sobre lo que elegimos o nos viene impuesto por obligación y compromisos.

Este eclipse lunar en Acuario nos enfrenta con esos acuerdos no tan elegidos y el nivel de compromiso que tenemos en ellos. Nos pregunta sobre la forma en que participamos en esos acuerdos, sobre nuestra libertad dentro del compromiso, sobre cómo, porqué y para qué.

Frente al requerimiento de los demás nos sentimos ante la necesidad de expresar nuestra singularidad en el grupo. Dejar de ser manada para ser individuos capaces de colaborar desde la cualidad original.

Nos pregunta sobre nuestra necesidad de cooperar, sobre la importancia de los demás, sobre la relación con esos otros que están en nuestra vida y han jugado un papel fundamental en ella.

Nos pregunta sobre nuestra forma de comunicarnos y cooperar. Abre la oportunidad para descubrir nuevas alternativas, nuevas formas originales que signifiquen convivencia y comunidad sin necesidad de someternos o caer en la manipulación emocional y las exigencias.

A veces en las familias, entre los amigos, en los grupos de estudio, trabajo, colaboración, en las vecindades, en todas las relaciones nos descubrimos repitiendo patrones y actitudes, repitiendo lenguajes que han dejado de tener contenido, lenguajes que se han vuelto automáticos y que sirvieron en el pasado pero que ya carecen de sentido y necesitan revisarse y actualizarse. Como comenté al hablar de la Luna Nueva en Leo, para actualizar los intercambios es necesario reconciliar el pasado. Toda historia compartida tiene luces y oscuridades pero las relaciones fuertes, profundas, que han creado y producido en nuestra vida, se mantienen a lo largo del tiempo gracias a sus luces y son éstas las que más necesitan actualizarse para poder seguir alimentando el crecimiento y la alegría de la presencia.

La reconciliación es la puerta que permite actualizar esos lenguajes y encontrarnos con los demás desde nuestra individualidad original. También es la puerta que nos permite dejar ir, abandonar el apego y liberar los acuerdos que ya no comparten esa alegría.

Quizás este eclipse, cuando el dragón nos devuelva otra vez la brillante luna, despierte nuestra inspiración para refrescar el diálogo que alimenta la vitalidad.

 

 

 

 

LUNA NUEVA DE LEO

El día 23 de julio fue la Luna Nueva en el 1º de Leo.

El signo del nacimiento, de la creación, la puerta del autodescubrimiento, el ser en su cualidad única que se expresa y manifiesta en el mundo que le rodea. Leo es esa potencialidad de la energía que todo tiene al nacer. Esa cualidad que como un rayo de luz atraviesa su tiempo. Una flor, un pájaro, la hierba más humilde tienen su tiempo único e irrepetible en el entramado de la manifestación.

La multiplicidad de formas y expresiones es la cualidad creativa que representa el símbolo del León, el tiempo de descanso de la tierra, la parada en el ciclo agrícola que celebra el fruto, que se alegra de lo realizado, que disfruta de los bienes de la cosecha y de la vida en la mirada del niño.

En medio del murmullo y la ira, de la incomodidad del cuerpo, de la angustia y el miedo, de la decepción, del cansancio, en la sagrada soledad íntima, vive la mirada recién nacida, el impulso y el deseo de expresarse y amar.

Leo nos propone descubrir la conciencia de ser y elegir, la verdadera libertad.

Leo se expresa en su elección, en su creación y en el amor que brilla e ilumina como el Sol y que nos recuerda que todos llevamos dentro su luz y esa posibilidad de la consciencia.

En Leo aprendemos a expresar nuestro ser único sin que el ego nos ciegue con sus patrañas y aniquile nuestra verdad mas íntima, esa que a veces cuesta reconocer porque se esconde junto a las emociones inconfesables, los miedos, las envidias, los juicios, junto a las vergüenzas que nos hacen sospechar de todo y de nosotros mismos. Ese ego se nutre de ellas y de nuestra desconfianza e inseguridad, de nuestro orgullo, de nuestras heridas que configuran una biblioteca de fraudes y renuncias.

Pero cada año Leo vuelve cuando termina el ciclo de las tareas y el calor obliga al descanso y la celebración, entonces, a pesar de todos los chantajes, nos enfrentamos a la elección de la felicidad, que es libre o no es.

Este año el Sol llega a Leo en la Luna Nueva, su conjunción con la Luna, con Marte que está en el 2º grado de Leo, y los tres forman cuadratura con Urano en Aries.

Atravesamos un tiempo lento simbolizado en el cielo por la cuadratura de Saturno en Sagitario y Quirón en Piscis, que nos recuerda las limitaciones y esfuerzos del aspecto menos agradable de la vida. Las pérdidas, los desencantos, la soledad, las carencias y dolores del cuerpo y el alma. Su posición refleja nuestro cansancio y parece decirnos: esto es lo que hay, aguanta, no hay otro camino, no hay salida, la vida es así, frases repetidas a lo largo de la historia por una voz que pretendía hacernos obedientes, resignados al trabajo y el esfuerzo, a una escasa recompensa.

Se termina la era de Piscis y Quirón parece querer llevársela con él.

En su historia mitológica, cansado de arrastrar su herida incurable y de resignarse eligió sustituir a Prometeo en el castigo impuesto por Zeus, y así liberarlo y liberar la carga de una humanidad sumida en la ignorancia. Así fue él también liberado y transformado en la constelación del Centauro, el ser mitad caballo mitad humano que está en la figura de Sagitario y que con su arco lanzado hacia las estrellas simboliza la búsqueda de crecimiento y evolución.

http://lagrulla.org/quiron/

Interesante metáfora de los cielos que nos recuerda que atravesamos una encrucijada, que nos hallamos en la frontera entre el antiguo paradigma, basado en estructuras piramidales sostenidas por la carencia y el sufrimiento de la mayoría en aras del poder de unos pocos. En seres humanos como masa, como fuente de trabajo y energía susceptible de manipulación y aprovechamiento. Y el nuevo paradigma que enfrenta al individuo con su elección y responsabilidad, que evoluciona hacia una humanidad formada por individuos únicos y conscientes de sí mismos, capaces de elegir, decidir y actuar desde esa consciencia de ser en el mundo.

Un salto significativo para el centauro que quizás lo transforme a su total humanidad.

Este mes, mientras atravesamos las diferentes etapas de esta encrucijada, la Luna Nueva con Marte y en aspecto tenso a Urano nos precipita e impacienta. El futuro parece jalarnos con fuerza y nos divide e irrita en un tiempo que solo pide descanso y presente, tardes de siesta y silencio, alegría compartida, juegos y el descubrimiento de una creatividad inocente, la del niño que todos llevamos dentro.

Comienzan los días de la canícula, los días del perro, en asociación a la constelación del Can Mayor con su estrella Sirio que amanece antes del Sol en esta época y que era tan importante para algunas culturas neolíticas como la de los egipcios o los mayas.

Para los egipcios eran días sagrados que anunciaban la siguiente crecida del Nilo y con ella el nuevo año agrícola. Para los griegos eran días de descansar, cuidarse y protegerse del calor excesivo que podía ser causa de pestes y enfermedades.

Hoy, día 25 de julio, es el día Verde en la actualización que hizo José Argüelles del antiguo calendario Maya. Y también es la Luna Semilla, la primera lunita creciente que nos recuerda con su ciclo que es la madre del calendario real.

Hoy escribo por primera vez en este nuevo blog de La Grulla, en el que cada mes intentaré una reflexión sobre el calendario y la energía que los ciclos de la Tierra con la Luna y el Sol estimulan en los seres, al amparo de sus luces y territorios.

El arranque de esta nueva etapa de reflexión, de esta nueva mirada a los ciclos, es parte de mi siembra del mes de Leo. En Origen elijo recuperar algo del aquel primer latido que nos abrió la puerta de la Vida.

Este mes se producirá uno de los pares de eclipses anuales que forman parte de ese calendario real. Con la Luna Llena tendremos un Eclipse Parcial de Luna. El Sol estará en la mitad de Leo, donde culmina su brillo justo antes de comenzar su descenso hacia el otoño, y la Luna estará en la mitad de Acuario.

De este eclipse y de eclipses lunares en general hablaré en una siguiente entrada, de momento recordar que en este Día Semilla, este día fuera del tiempo, conectar con ese latido primigenio y con el de las generaciones que nos han traído a la vida, las madres y padres que alimentaron y alientan nuestro crecimiento, nos ayudará a tomar conciencia de nuestra realidad en ella, del niño que fuimos y seguimos siendo y que solo necesita reconciliarse con todos sus ancestros y consigo mismo para volver a ser feliz.