VENUS

VENUS

 

El segundo planeta del sistema solar tiene un diámetro, masa y densidad parecidos a los de la Tierra, pero está sometido a altas temperaturas que pueden llegar a superar los 460º C. Su período sidéreo es de 224,7 días.

Es el más brillante de nuestro cielo, llamado por los antiguos Estrella del Alba o Lucero Matutino cuando se veía al amanecer, y Véspero o Lucero Vespertino cuando aparecía al anochecer.

Sinónimo de luz, claridad, belleza y sensualidad, es el arquetipo que simbolizaban aquellas diosas prehistóricas de grandes pechos y nalgas, vida y belleza, deseo, creación, abundancia y fertilidad.

Las Venus de la Vida, que recorren nuestro pasado ancestral, surgían de la piedra pulida para recordarnos que somos parte de la vida que nos crea, nos recorre y nos transforma en la muerte. Nos recuerdan que es importante disfrutar de esa vida y estar presentes en ella hasta que volvamos al vientre de la Madre, en el ciclo infinito que Sol y Luna reproducen en el cielo.

Venus es Vida que se manifiesta en la piedra, en la piel, en la flor, en el roce de la brisa al atardecer, en las nubes de polen inundando la primavera.

En el mundo griego volvió a nacer como Aphrodita Urania, de la unión del esperma de Urano con la espuma del mar. La diosa ancestral renacía así, para el nuevo orden de los dioses patriarcales, como diosa nacida del mar, decorada de conchas y perlas, que encarnaba el rumor de las olas, el roce suave de la arena en la piel, el perfume del mirto y de la rosa, el sabor de la granada o la manzana, rodeada de cisnes y palomas. Un aspecto parcial de la vida que la hacía señora del placer y de la belleza, las cualidades del objeto de deseo de esos patriarcas que debían tener todas las mujeres que aspiraran a ser elegidas.

Pero Afrodita nació de la espuma como mujer adulta porque era tan vieja como la Nammu sumeria, el océano primordial del que nacieron todos los seres, o Inanna, la diosa Lucero, llamada también Isthar, Anat, Anahit, Asera, Astarté, Tanit, la de muchos nombres, “Señora de todas las esencias, llena de luz…” A la que Enheduana, su sacerdotisa, cantaba hace 4300 años.

Asera o Innana o Tanit o Afrodita, seguía siendo la fuente de la vida, andrógina o más allá de los roles del género, por lo que también se manifestaba como Eros, la fuerza electromagnética que entrelaza los átomos; el viento suave que traslada el polen y mece a los insectos, que trae la primavera y los sueños, la esperanza y las ganas de vivir, el amor y la alegría.

La Afrodita griega fue llevaba por el viento Céfiro a la isla de Chipre, donde la recibieron las Horas, Talo = tallo o retoño, Auxo = crecer y Carpo = fruto, otra manifestación de la triple diosa lunar. La que tiene la llave de la vida en sus ciclos, la que atrae a los seres hacia su forma en el tiempo/espacio, la energía.

Zeus, el recién estrenado patriarca de los dioses, la casó con el feo Hefesto, el dios de la fragua, en un acto que pretendía despreciar sus cualidades y demostrarle su poder, quizás por celos, porque Zeus – Júpiter es el otro lucero, que se muestra a veces tan brillante como Venus. Pero Venus no se tomó demasiado en serio el humor de Zeus y tuvo una variedad de amantes.

Ares ‑ Marte, con el que tuvo al nuevo Eros como Amor, que juega con sus flechas y de forma aleatoria e indiscriminada inflama y enloquece a los humanos. En Roma se llamó Cupido y se representó como un angelote o un niño alado con una venda en los ojos y un carcaj de flechas ardientes.

En realidad Ares y Afrodita son los dos polos de la misma diosa ancestral, la diosa andrógina, la energía única, y Eros es la chispa electromagnética que dispara toda creación.

Hermes fue también amante de Afrodita, con el que tuvo a Hermafrodito, un bello muchacho. Un día, mientras él se bañaba en las aguas de la fuente donde vivía la ninfa Salmácide, ésta, que se había enamorado de él, lo abrazó tan fuerte que ambos se fundieron en un solo cuerpo. Otro moderno renacimiento para la antigua diosa andrógina.

Venus-Afrodita es el arquetipo de la naturaleza en sus manifestaciones más luminosas, más estimulantes, más sensuales, más inspiradas. Por eso es diosa de la primavera, del arte, la belleza, los juegos y el amor. Como ella siguió libre, a pesar de todos los intentos de control del nuevo orden, su amor es el amor libre, sus juegos son espontáneos y alegres, su frescura es la de la Vida

En Latín Venustrus es gracioso y en Sánscrito Vana es amable. Y de Venus son: veneración, venerable, venerar, venas. Y de Afrodita es afrodisíaco.

¿No es ser y estar en unidad íntima, en paz con nuestras dualidades, de acuerdo con la vida, un puro placer? Danzar con la vida, hacer sonar la música propia con la música que nos rodea, sentir esos momentos únicos, de percepción total, que nos dan fuerzas para seguir, eso es la unidad Eros y Afrodita. Es escuchar la voz del cuerpo. Es aprender el lenguaje de los pájaros. Es recordar a nuestros antepasados ancestrales y oír sus risas de niños en el atardecer. Es esa sensación al reconocer nuestro camino, al oler los vientos y saber lo que anuncian, al desarrollar las cualidades y sentir la satisfacción de vernos crecer a través de ellas y de compartirlas. 

La Venus del nuevo mundo patriarcal se ve atrapada en los juicios que denigran el aspecto sexual de la vida y asocian la pasión erótica y el amor al sufrimiento. De esta forma Afrodita se convierte en Lilith y se la hace responsable de la locura, la violencia y la guerra. Como en la historia de Elena, la princesa de la guerra de Troya. En los tiempos oscuros de la Edad de Hierro, fue sometida y castigada, y sirvió como excusa a los patriarcas guerreros para proyectar fuera sus culpas y demonios y justificar sus ansias de conquista y poder. 

La señora del cielo fue encarnada en las mujeres bellas y encerrada en los harenes, donde fue sometida y utilizada para el placer masculino. Fue convertida en Koré, doncella y joven, casi niña, inmadura y seductora para ser elegida y convertida así en propiedad de su dueño. De esta forma nacieron los roles que encorsetaron a las mujeres, de niñas monas a madres castas y buenas que podían convertirse en brujas o en suegras malvadas, como la que Venus encarna en el cuento de Apuleyo,  EROS Y PSIQUE.

No podemos olvidar que una Venus auténtica sigue corriendo por nuestras venas y las del mundo, porque su fuerza es indestructible. Su arquetipo es el de la fuerza de la Vida, con su danza de continua transformación, de luces y sombras, de belleza, deseo, de misterioso equilibrio y de creación.

En nuestro Venus astrológico podremos descubrir dónde laten con más fuerza nuestros deseos y nace nuestra alegría de vivir, la Vida que nos recorre e ilumina.

Su arquetipo nos habla sobre nuestras sensaciones y sentimientos, nuestros gustos y placeres, nuestros amores, nuestras capacidades artísticas y creativas, nuestra capacidad para disfrutar de la belleza y el arte, de la música, las artes plásticas y la comedia. Sobre nuestro sentido del humor, nuestros juegos. Nuestra relación con la naturaleza, la sensación de estar vivo. Nuestra relación con el cuerpo y sus formas, su belleza y nuestro estilo estético.

Venus es dueña de todos los tiempos y territorios, pero sobre todo percibimos su plenitud en Tauro y Libra, los momentos más bellos de la primavera y el otoño.