SATURNO

SATURNO

 

En los tiempos ancestrales de la recién nacida Tierra, las fuerzas naturales estaban desatadas y en formación. Entonces sólo estaban la ardiente Gaia y Urano, el cielo, lleno de gases y promesas.

Los mitos griegos convirtieron estos comienzos en una historia de amor y pasión entre la tierra y el cielo, que cada noche caía sobre su amada y la fecundaba, y cada día Gaia paría nuevos retoños que iban poblando su superficie. A éstos primeros los llamaron los Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Tea, Febe, Mnemósine, Temis, Japeto, Tetis, Rea y Cronos. También nacieron los Hecatonquiros, gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas, y los Cíclopes de un solo ojo, Brontes, trueno, Estéropes, relámpago, y Arges, rayo.

Urano, asustado de las potencias que le nacían a Gaia, los enterraba otra vez en su vientre, en el Tártaro.

Un día Gaia, harta de los excesos de Urano, pidió a su hijo pequeño, Cronos, que acabara con su padre.

Cronos obediente, tomó una hoz y al caer la noche, cuando su padre se extendía sobre la tierra para volver a fecundarla, cercenó sus testículos. No olvidemos que en ese momento, el esperma de Urano salió derramado y fecundó la espuma del mar, que dio nacimiento a Afrodita, una diosa que encarnó el amor  y el deseo, que para los griegos se convirtió en origen del caos.  No olvidemos tampoco, que entonces se estaban afianzando las sociedades de carácter patriarcal, con sus estructuras piramidales muy bien estratificadas.

Cronos asumió entonces el gobierno del mundo junto a su esposa y hermana Rhea, y nació la mítica Edad de Oro, en la que Gaia se extendía soberana, la Gran Madre ancha y fértil con sus grandes ríos y valles abiertos por el deshielo, y todos los seres se multiplicaron y encontraron su sustento en ella.

Cronos representa el Neolítico, el cambio radical que supuso, para la especie humana, el descubrimiento de la agricultura y la ganadería, cuando se comenzaron a crear los primeros poblados estables.

Las presagios anunciaron a Saturno que sería destronado de la misma forma que Urano, a manos de uno de sus hijos, así que Cronos se volvió un feroz tirano que devoraba a sus hijos al nacer. De esta forma su arquetipo integró el tiempo como un devorador que nos implacable hasta la muerte. Nació un aspecto dolorido de la existencia, el concepto de la caída, las nuevas ideas platónicas, el sentimiento de destierro y rechazo respecto a algún poder superior, que se fue dibujando como  un dios del cielo, poderoso y enfadado con los humanos, nació la idea del pecado original, una larga peregrinación de la especie humana a través de los nuevos implantes del destierro, de la culpa y de la búsqueda de redención.

Pero Rea, que seguía en contacto con la sabiduría del origen, como encarnación de la diosa primigenia, de la diosa Madre, intentó un acto de rebelión contra ese nuevo furor que devoraba la felicidad y la vida, y  salvó a a su último hijo, Zeus, de ser devorado por su padre. Pero el virus ya había sido inoculado y Zeus solo le dio otra vuelta de tuerca a la historia del nuevo paradigma, y cuando pudo matar a su padre y convertirse en el nuevo rey de los dioses, lo primero que hizo fue desterrar a sus predecesores y violar a las diosas Madres.

Saturno tiene relación con Sata – sembrador, y con Sator – rico, abundante y fértil. Es el labrador divino con su herramienta simbólica, la hoz o la guadaña. En Roma se le ofrecían las Saturnales, durante las cuales se interrumpían las actividades  públicas, se aplazaban las ejecuciones y se liberaban algunos presos. Esclavos y amos cambiaban los papeles y durante unas horas, los esclavos vestían las galas de sus amos y eran servidos en sus mesas. Se permitían las loterías y juegos de azar, que en otras épocas estaban prohibidas, y el dios era liberado de una cinta de lana que lo rodeaba durante el año y que impedía que abandonara la ciudad llevándose la prosperidad. Se le ofrendaban sacrificios y se celebraban banquetes públicos que propiciaban la vuelta a la Edad de Oro perdida.

Saturno ‑ Cronos es la sabiduría que nace de la experiencia. Después de la caída, nace la reflexión, el pensamiento filosófico, la búsqueda de comprensión y conocimiento, de respuestas, de redención. A la fuerza nace un sentimiento de responsabilidad, un reconocimiento de los propios errores, un abandono de la espontaneidad infantil, nace la madurez.

Saturno como sembrador, aprende a sembrar sus semillas de vida con conciencia, responsabilidad, disciplina y voluntad. Aprende a cuidarlas, regarlas, alimentarlas, a valorar su tiempo y descubrir su utilidad, su rentabilidad. Aprende a desbrozar, ahorrar energía, concentrarse en lo que realmente valora. Es a la vez creador y destructor, porque sabe que elegir supone descartar otras opciones y que el tiempo no es importante solo porque corre veloz hacia la muerte, también porque hay un tiempo para cada cosa, un tiempo para reflexionar, un tiempo para decidir, un tiempo para arar, un tiempo para sembrar, un tiempo para regar, un tiempo para cosechar, un tiempo para limpiar y un tiempo para ordenar y valorar lo realizado antes de la siguiente siembra. Porque conoce los ciclos de la Madre y todavía los honra y reconoce como lo real. Reconoce la llegada del tiempo yermo y se prepara para el tiempo fértil y creciente. 

Sabe de la necesidad de los límites, del esfuerzo de la voluntad, de las renuncias y restricciones que permiten encauzar la energía para alcanzar  productividad y excelencia. Tiene el conocimiento del espacio y el tiempo, las cuatro dimensiones de la realidad física, y de las puertas que  conectan con el caos creativo. Por eso en sus fiestas todos cambiaban los papeles y se volvían locos por unos días, saltando y desmadrándose para despertar la energía que se esconde en las encrucijadas del año.

Cronos era una personificación del tiempo con su guadaña, nos recuerda la realidad de un tiempo que pasa implacable, del  tiempo y el espacio indisoluble por donde cabalga la energía.

De Cronos nació Pan, el Hombre Verde que representa la naturaleza salvaje. Con cuerpo mitad hombre y mitad macho cabrío, y siempre acompañado de un perro, representa la otra cara de Saturno, su aspecto maléfico, su parte bestial y diabólica que despierta nuestros miedos, y que más allá de las apariencias, es siempre un aviso, una señal; el recuerdo de que esto también pasará, que nos calma en las dificultades y nos recuerda disfrutar de lo bueno, porque también pasará.

Donde Saturno aparece en nuestro mapa celeste, presenta un aspecto de restricción, límites y obligación en la vida. dónde hacemos un esfuerzo y obtendremos los mejores resultados. Son retos y pruebas de madurez en la vida, pero también de plenitud, madurez y consciencia real.

Nos propone hacernos conscientes de nuestra responsabilidad, de la importancia de la voluntad para asumir nuestras elecciones y sus esfuerzos y llevarlos a la realización.

Nos propone aceptar el tiempo como energía y como herramienta, y caminar en la vida con la muerte como compañera ineludible, que nos recuerda vivir en el presente con autenticidad y presencia, la única llave de todos los saltos dimensionales y conscientes que podamos imaginar.

Detrás del misterioso anciano que camina con la guadaña, asoma Pan con su siringa, rodeado de personajes carnavalescos y alegres que cantan chirigotas en las fronteras del día.