MARTE

MARTE

 

Marte se parece a la Tierra, gira sobre sí mismo en poco más de 24 horas y tiene hielo en sus casquetes polares, aunque una atmósfera menos densa que la nuestra. En algunas épocas es visible en el cielo nocturno con su tono rojizo. Tiene dos pequeños satélites, Fobos y Deimos, y su revolución sidérea es de 687 días.

Es el planeta regente de Aries, el arquetipo del nacimiento, de la iniciativa, el empuje y la fuerza necesarias para comenzar todo en la vida. Es por lo tanto el niño en su primera salida al mundo.

En la mitología griega era hijo de Zeus y de Hera, su esposa oficial. Era representado como un muchacho fuerte, robusto, activo, inquieto, decidido y valiente. Impulsivo y agresivo, podía llegar a ser brutal y despiadado, por eso se convirtió en el dios de la guerra y la violencia, la nueva práctica de los nuevos imperios del orden patriarcal. Pero en los tiempos ancestrales, Ares era el niño, el joven, el fuerte, el cazador. El pastor y agricultor, artesano, herrero y alfarero, que conocía los secretos de la construcción de herramientas y de la supervivencia.

Era representado por el carnero y como un dios de la fertilidad era Cernnunos y el Hombre Verde de la mitología Celta.

Aries nunca reaccionaba con violencia salvo en circunstancias de amenaza y como Hércules, su aspecto más humano en el mundo griego, procuraba salvar obstáculos naturales y ayudar a los más débiles. Representa a la figura del héroe.

El Ares griego simbolizaba la fuerza física en el deporte y la conquista de niveles de rendimiento, pero se volvió infantil  en su aspecto más egocéntrico, y en sus mitos se le ve enzarzado en situaciones violentas, desagradables  y a veces ridículas. Entre sus muchas amantes la más importante fue Afrodita, su verdadera alma gemela, con la que tuvo a Deimos y Fobos, genios que despertaban temores, miedos y fobias varias.

El Marte romano incorporó tareas que requerían de su fuerza física, como las actividades agrícolas, constructivas y técnicas. Fue protector de la vegetación y sus sacerdotes realizaban danzas para proteger los campos y a los labradores. En Egipto era Khnum, el dios carnero, que en su torno de alfarero modelaba a dioses, humanos y animales y les insuflaba la vida.

Ares/Marte es el arquetipo de la energía en su forma más primaria, más básica e instintiva. Es la fuerza creativa de la supervivencia. Es la fuerza que empuja al niño a salir del vientre de la madre y a crear su propio espacio en el mundo.  Representa nuestra capacidad para realizar las acciones necesarias de la vida, para protegernos, para crear nuestro territorio, para alcanzar nuestros sueños y objetivos. Convierte el instinto en fortaleza física y psíquica para experimentar, superar obstáculos, luchar por los objetivos, elegir y decidir, actuar, realizar. Cuando nuestro Marte se somete o se desvirtúa su capacidad surge la rabia, la irritación y la violencia que destruyen en vez de crear, que hieren, que incapacitan, que alejan, que duelen. Surgen las luchas de poder y la manipulación, surgen los odios, los celos, los miedos, las envidias, las fobias, las ansiedades y angustias.

Ares/Marte es la fuerza del deseo, la capacidad de acción, el impulso y la valentía para alcanzar nuestros objetivos. Sin esa fuerza nos convertimos en seres débiles, sumisos y dependientes. Es el arquetipo del líder interno que decide y actúa. Será asunto de cada uno y de todos tomar conciencia de esta fuerza primaria, reconocerla e integrarla, para que deje de ser destructiva.
Marte y Venus como arquetipos invocan una reflexión individual y colectiva, una que atañe a nuestra energía como Vida. ¿Vida para alimentar ideas y creencias, ambiciones desmedidas, fantasías irreales, complejos, fobias, luchas de poder? O vida para sentirla, disfrutarla, compartirla, alimentarla y amarla. Mientras nuestro Marte toma la iniciativa, Venus nos demuestra la validez de lo iniciado gracias a la satisfacción que nos produce. Por eso no podemos nunca verlos por separado en nuestro mapa natal, en el que nos hablarán sobre nuestra feliz y satisfactoria inserción en la vida o sobre nuestras tendencias autodestructivas y depresivas.

Marte y Venus encarnan en nuestra psique después de haber sido tormenta y arco iris, carnero y jabalina, cazadoras y recolectores nómadas, agricultores y ganaderas, alfareras y cocineros, herreros y artesanas, caballeros y damas. Ahora, en esta encrucijada de la historia, se investigan a sí mismos y se cuestionan sobre la energía desperdiciada en luchas. Buscan evolucionar, transformarse y recrear sus mejores cualidades para cambiar otra vez de piel.