JÚPITER

JÚPITER

 

Es el arquetipo natural del bosque en la tierra y del fuego brillante en los cielos, que se manifiesta en rayos y truenos y a veces, en según qué latitudes, en las auroras boreales. Esto lo relaciona con la fertilidad, como Urano su abuelo. Es el más grande de todos los planetas del sistema solar y tan brillante a veces como Venus, con el que compite para ser lucero.

Júpiter va dejando todo tipo de hijos y creaciones y así actúa en nuestra psique, muchas veces con una creatividad indiscriminada que nace de la necesidad de expandirse y brillar. Hacer consciente la fuerza del arquetipo que representa, el de la acumulación de energía que, como la tormenta, renueva y abre nuevas posibilidades, significa despertar, darse cuenta y crecer en nuevas direcciones. 

Su arquetipo no ha estado siempre asociado al poder masculino. En tiempos anteriores aparece como una diosa ancestral llamada Dione, que era honrada en el santuario del oráculo de Dódona, de la Edad de Bronce (5.000 años), dedicado a esta diosa prehelénica de la abundancia y la fertilidad relacionada con las raíces del “Gran Roble”, donde era Zeus Naios y Dione Naia (dios/diosa). Una diosa andrógina que representaba el bosque sagrado como origen y futuro, como contenedor de vida y de fertilidad, con el roble como árbol sagrado que mantiene la estabilidad dentro del ciclo eterno, como pilar que une el cielo y la tierra y como punto de referencia y símbolo de continuidad más allá de la muerte. 

En sus mitos posteriores, Zeus/Júpiter aparece como hijo de Cronos/Saturno, que destronó a su padre Urano y devoraba a sus hijos al nacer porque le había sido anunciado que él también sería destronado por uno de ellos. Pero Zeus fue protegido por su madre al nacer y escondido en una cueva y cuando creció hizo real la profecía. Destronó a su padre Cronos, hizo que vomitara a todos sus hijos y lo desterró al Tártaro junto a los demás titanes hijos de Urano y Gea.

Zeus/júpiter repartió con sus tres hermanos el mundo, dio el dominio sobre los mares a Poseidón/Neptuno, el mundo subterráneo, el Tártaro, a Hades/Plutón, y él se quedó con el cielo y la superficie de la tierra y se casó con su hermana Hera.

Una vez creado el nuevo panteón de dioses del Olimpo, Júpiter se dedicó a gobernar dándole mucho valor a la idea de justicia, como Salomón en la historia de la Biblia, su poder le permitía ser benévolo y buscar el consenso entre humanos y dioses. Curiosa idea que nos da bastante información sobre el conocimiento de la psicología humana que encierran las antiguas mitologías. Júpiter en la psique es ese aspecto que busca llegar a un acuerdo entre el cerebro consciente, el de la vigilia diurna, y el aspecto inconsciente, poblado de esas pulsiones, miedos, recuerdos y experiencias que configuran la interpretación de los arquetipos y a todos los monstruos, demonios y dioses de los mitos.

Aunque aparece como benévolo, en realidad encarna la creación del patriarcado. En su mitología asume la función de eliminar el poder de las antiguas diosas Madres y Abuelas, empezando por violar a su propia madre RheaPara demostrar su poder masculino, Júpiter se dedicó a violar a todas las mujeres que le apetecía, además de a las que tenían poder y podían hacerle sombra, como Metis, la diosa de la sabiduría, a la que después de violarla se la comió, para eludir la profecía que anunciaba que un hijo de ambos lo destronaría, pero sobre todo para robar su sabiduría. Con este relato el arquetipo de Júpiter/Zeus se reinventa como dominador de todos y nace la era del patriarcado, el nuevo paradigma de dioses masculinos y guerreros, que está en el nacimiento de los imperios de la Edad de Hierro y que llega con su impulso depredador hasta nuestros días. 

Con Zeus comienza la generación de los olímpicos. Él crea el nuevo orden social en el que el padre domina al hijo, el hombre a la mujer, el señor al esclavo. Es el que sustenta los linajes reales, el que crea las leyes y dirige las relaciones entre humanos y dioses. Con él, como dios patriarca, nace el arquetipo y el rol de la esposa burlada, celosa, competitiva e irascible, representada por Hera.

Con Zeus nace el patriarcado y el orden legislativo y religioso, más allá del orden natural de Cronos, que todavía respetaba la esencia completa de las cosas.

En su aspecto luminoso nos descubre nuevos territorios de experiencia. En su aspecto oscuro nos vuelve dogmáticos, controladores, exigentes, despierta la ansiedad por satisfacer los impulsos y deseos, nos lleva a la exageración, el despilfarro y la ruina, la decepción o la depresión, cuando el brillo de las expectativas no se cumple o cuando, saciado el apetito, deja un vacío en el alma. Porque Júpiter es arrogante y no cree en el alma, es un negociador que se salta las reglas con prepotencia y se ríe de los poetas.

Él no es el creador del universo pero si el soberano. Cuando viola y desprecia a su aspecto femenino, su Dione ancestral, pierde esa condición creadora para venderse por un trono. Como niño mimado, el elegido, no tuvo la altura moral de respetar y agradecer a su propia madre, que lo salvó de ser devorado por su padre.

El optimismo jupiteriano es útil para aprovechar las oportunidades, pero también puede quedarse en sueños de grandeza si no resuelve con su padre Saturno y acepta las leyes del esfuerzo, la voluntad y la disciplina, que toda realización necesita en el mundo real.

Con Saturno también manifiesta un conflicto con el tiempo. Sus dominios, creados para dominar a la naturaleza y la energía, consiguieron algunos éxitos; hoy con la tecnología tardamos pocas horas en recorrer miles de kilómetros. Pero su impaciencia lo lleva a agotar sus energías y a despreciar la cualidad del reposo, del silencio, de la mirada interior, de la contemplación. Detrás de su aspecto benévolo están sus rayos y truenos, una tensión continua por mantener un poder que ha dejado de fluir al alejarse de lo natural.

En sus mitos aparece entregado a la seducción de bellas ninfas y jóvenes efebos con todo tipo de disfraces. Histriónico arquetipo capaz de múltiples transformaciones para cumplir sus deseos. Como lluvia de oro fecundó a Dánae, como cisne sedujo a Leda, como un toro raptó a Europa.

Su impulso, como el del trueno al que representa, es creador y fecundador, pero a veces, desmedido y descontrolado, genera más destrozos que creaciones.

Su equilibrio está en la sabiduría.

Un buen diálogo con Saturno en el mapa natal podrá facilitar que nuestro Júpiter sea más productivo y nos ayude a generar creaciones sólidas y significativas. Porque Júpiter natal nos indica un aspecto de la vida en el que podemos tener suerte y oportunidades, pero éstas necesitan afianzarse con la voluntad, el compromiso y la responsabilidad para no deshacerse como arena entre las manos.