EL SOL

EL SOL

 

El Sol es la estrella central de nuestro sistema, una gran esfera de gases incandescentes que se desplaza en la galaxia hacia un punto situado en la constelación de Hércules, cerca de la estrella Vega. Cumple su revolución aparente en un año Trópico de 365 días aproximadamente.

El ciclo solar determina el clima en la tierra, por lo que cobró gran importancia con el descubrimiento de la agricultura. Era el hijo de la diosa del cielo, que en cada ciclo moría y volvía a renacer, como la semilla del cereal. En el solsticio de verano el joven sol llegaba a su madurez y empezaba a retirarse poco a poco hasta llegar el otoño, cuando la tierra descansa y se prepara para el renacimiento solar en el solsticio de invierno.

Los primeros pueblos agrícolas del Neolítico reconocieron y convirtieron en sagrado el calendario solar, fundamental para la supervivencia de los cultivos y de la vida, y honraban en rituales su poder para alimentar, sanar, purificar e iluminar.

Entre los egipcios era el dios que todos los días nacía de la diosa del cielo. Maduraba al mediodía, envejecía por la tarde y por la noche viajaba al mundo de los muertos en su barco. Su ciclo diario aseguraba el orden del mundo. Como dios del amanecer era Jepri el escarabajo, que simbolizaba la resurrección, el renacimiento y la transformación. Ra durante el día, un hombre con cabeza de halcón, que por la noche se convertía en Atom, con forma humana y la doble corona de los faraones.

En los antiguos mitos griegos era el titán Hiperión, el que está en lo alto del cielo y lo conoce todo, que con Tea, la de amplio brillo, la diosa de la vista, tuvo a Helios, Selene y Eos, la aurora. Helios y Selene heredaron los poderes del Sol y de la Luna y se turnaban entre el día y la noche para recorrer el cielo con sus carros de luz.  Helios era también Febo, que significa brillante, resplandeciente y puro. Y Febe era también Selene, la Luna.

En la moderna época olímpica el Sol se convirtió en Apolo, que había nacido de Zeus y de Leto en la isla Ortigia, que desde entonces fue llamada Delos, brillante, porque según la leyenda se cubrió con una capa de oro al nacer el niño Sol, que nació gemelo de Artemisa, la Luna.

En el nuevo orden de los dioses patriarcales presididos por Zeus, se convirtió en el modelo de belleza masculina y, como nuevo dios de la luz, se apropió de los antiguos oráculos de las diosas, como el oráculo de Delfos, donde tuvo que matar a la serpiente Pitón, símbolo de la diosa ancestral, que custodiaba la gruta oracular de Gea. Apolo siguió siendo un dios peregrino, como el Sol real, que pasaba una parte del año en Delfos y otra en el país de los Hiperbóreos, más allá del norte.

El Sol es el centro del Sistema Solar, la estrella entorno a la que giran los demás planetas y por eso en el mapa astral es el arquetipo del centro del ser; del corazón en el cuerpo y del sí mismo en la psique. El Sol representa la esencia individual, y las cualidades  innatas que pueden desarrollarse y brillar, como el Sol, en el viaje de nuestra vida.

También representa nuestra forma de hacer durante el  día, mientras estamos despiertos, y la consciencia.

El ciclo solar representa en su viaje anual las etapas de la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez en la vida humana, que se manifiestan en las estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno.

El  signo en que tenemos el Sol indica nuestras tendencias innatas, es la esencia de nuestra energía como fuente de creación. La potencialidad del ser individual que se irá desplegando durante la vida. Representa aquellas cualidades latentes de nuestro ser interno que necesitamos descubrir y desarrollar. Pero el Sol también quema, seca y provoca enfermedades, por lo que representa la necesidad de reconocer nuestro ego, el orgullo y la arrogancia que oscurecen la razón, el deseo egoísta que destruye el sentimiento y la intuición. Donde tenemos el Sol es donde somos Febo, donde podemos ser auténticos y brillantes, pero también podemos ser Faetón o Apolón, destructores de ego inflado.

Su paso anual por el zodiaco celeste marca el calendario de los climas terrestres y sus arquetipos afines. Con su energía de luz alimenta el crecimiento de los seres en la tierra, por lo que es símbolo de la luz de la consciencia que alimenta la creatividad y la voluntad de ser.

Como peregrino que nace y muere en el año y viaja por el cielo, nos enseña que la vida es ciclo y cambio, y que el ser único que encarnamos es energía que fluye, es movimiento y transformación continua.

Nuestro Sol natal nos ayuda a conocernos mejor, a conocer las cualidades de ese fluido de energía que somos en realidad, y a reconocer y desarrollar las posibilidades de nuestro viaje por la vida.

PEREGRINO SOL