LUNA SEMILLA EN GÉMINIS

Géminis es el final de la primavera, un tiempo de cruce que comenzó con la luna nueva. Géminis es tiempo eje, tiempo de final que arrastra consecuencias. Una parte de nosotros está en el pasado y otra en el futuro, de ahí ese mito de dualidad que acompaña a los signos de cruce, Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis. Cuesta estar en un presente total cuando se es puerta, umbral, tránsito y cruce de caminos, por eso en los tiempos antiguos se colocaban señales, montones de piedras, cruceros, imágenes de Mercurio o de Hécate, la diosa triple, que servían para avisar y proteger a los caminantes.

Termina el curso escolar y este año termina también el ciclo de las elecciones, del comercio político,  aunque no estamos todavía en la nueva etapa por lo que habrá que esperar a primeros de julio. Más adelante, ya  hechos los acuerdos, terminados los exámenes, firmados los compromisos, toda esa energía de tránsito entrará en su caudal, en su ciclo de tiempo.

El dos de julio será la luna nueva en Cáncer y se producirá un eclipse total de sol, ya veremos qué es aquello que necesita ser recuperado,  o restituido, o sanado y solucionado en las aguas de la emoción.

Mercurio es el planeta que simboliza el lenguaje y el pensamiento; el movimiento hacia el diálogo, la relación afectiva, la colaboración, el hacer común, el arte o el comercio; hacia esos otros con los que tendremos que hablar para llegar a acuerdos, para organizar la vida  y cooperar.

Los mitos asociados a Géminis son sobre hermanos, como Cástor y Pólux:Resultado de imagen de castor y polux

O como Inanna y Ereshkigal:

Ereshkigal, Reina del Inframundo (mesopotamiangods)

Dos, dualidad y el eterno conflicto entre luz y oscuridad, el bien y el mal, lo guapo y lo feo, lo alto y lo bajo, la luna y el sol, lo masculino y lo femenino, pero ¿conflicto? O incapacidad para reconocer nuestra otra parte íntima, porque todos somos altos o bajos según al lado de quien nos coloquemos, guapos o feos en función del día, la noche, la salud, las luces que nos iluminan. Masculinos o femeninos según costumbres y culturas en cuanto al género. Todos tenemos un trozo de la luna y un trozo del sol en nuestras células, todos somos parte de la Tierra.

A veces la dualidad nace al proyectar fuera una incomodidad, un sentimiento de carencia, la sensación de falta, la culpa, el miedo. A veces nace de una ambición que rompe la baraja, salta la balanza y nos enreda en esos odios ancestrales que con el tiempo dejan de tener sentido, pero siguen ahí, doliendo y hundiendo, enfrentando, difamando, muchos gerundios para obligarnos a mirar dentro.

¿Quién hay ahí? Alguien puede que responda, ese dolor, esa culpa, esa decepción, y entonces dejamos que aflore lo que nos roba la paz. Ese aspecto que nos fue negado.

A muchos niños se les enseñó a no ser, a no sentir, a no reconocer, a no saber de verdad nada más que lo que era ordenado por la corrección. Géminis tiene mucho de niño o niña que se abre al mundo llena de curiosidad y es acusada o castigado por preguntar. Géminis está en los porqués y porqués de la primera infancia, y su dualidad nace en los silencios obligados y esas culpas difusas.

Esta es una luna para preguntar y despejar esos pájaros que ensucian las vidas con sus mentiras, pájaros que a veces gritan cuando tienen miedo, pero que habitualmente murmuran y corren voces insidiosas.

La dualidad se nos instaló en la psique cuando nos comparaban, cuando nació la competencia entre hermanos, cuando fuimos acosadores o sufrimos el acoso en los patios escolares o en los fumaderos de las empresas. Cuando nos creemos todo lo que nos dicen sobre lo que es correcto y abandonamos la intuición. Cuando la impaciencia nos come y dejamos lo esencial por el camino. Cuando hacemos caso de la publicidad, que nos señala objetivos que no hemos elegido, nos convierte en clones y se instala como un virus entre las voces internas donde nos regaña, no comas esto, come lo otro, este es el tamaño adecuado de tu vientre.

Un ego castigador habita en nuestra psique y se alimenta desde hace muchas generaciones con el castigo íntimo, con culpas viejas, con rencillas bien alimentadas con un poco de ese dolor cotidiano, de la insatisfacción, la envidia y la renuncia.

Neptuno forma este mes cuadratura a la luna nueva, al sol y a Júpiter, es una cuadratura en T, una tensión de dualidad que puede llegar a volverse dramática o a cargarnos de estrés e inquietud frente a esas cosas que están por llegar, esas cosas que pasarán cuando termine el tiempo de cruce. Cuidado con que se nos cuelen más fantasmas de los que nos corresponden, más desaliento, cansancio, debilidad o decepciones.

Todo seguirá, como la vida sigue, y pasará, pero a veces nos puede la impaciencia y muchas veces los dramas emocionales, un grano de arena convertido en una montaña o una montaña que estalla como un volcán.

La clave está en dialogar con una misma, hacerse preguntas, buscar la información, encontrarla, hablar con ella, como con la diosa, la que abre las puertas de la iniciación a la verdad interior y la consciencia de sí, pero ella necesita ser buscada y que llamemos a sus puertas, no se ofrece por sí misma. Está en una biblioteca, en el diálogo con una hermana, con nuestra pareja o amigos, en un libro, en un dibujo, en un recuerdo iluminado, en comprender, perdonar, aceptarnos, reconocernos en el otro, darnos cuenta de que a veces despreciamos lo que no aceptamos pero también nos habita.

Una verdad que se desvela, como Inanna de sus siete velos, porque hacia los demonios internos, esos murmuradores, no hay mejor forma que ir completamente desnudos, ¿de qué si no van a dejar que nos acerquemos si vamos disfrazados de buenos de la película? ¿Podemos seguir jugando a aparentar lo que no somos mientras en el mundo pasan cosas espeluznantes? ¿Podemos seguir justificando el dolor? ¿Es el sufrimiento la clave de aprender? ¿O es el habla y la palabra, la curiosidad y la pregunta, la lectura, el pensamiento intuitivo, la sinceridad con uno mismo y con los demás y la honestidad que la acompaña?

Hemos construido un sistema de ideas y creencias que han justificado los sufrimientos como forma de redención de karmas y pecados antiguos, como si en ese dolor hubiera siempre aprendizaje, cuando ya intuimos que hay demasiado sufrimiento inútil. ¿No será ya la hora de abrir nuestras mentes al conocimiento por sí mismo?  ¿Por el placer de conocernos? ¿De hablar y compartir para fabricar un mundo juntos? ¿Un mundo que no esté construido con el desprecio del cuerpo y el alma de los otros, un mundo para demostrar qué malos somos o podemos llegar a ser, o para ocultarnos a nosotros mismos y justificar esos dolores que lo recorren? ¿No es hora de hacer de verdad un mundo mejor y preguntarnos cómo?

En este tránsito de Géminis, en esta despedida del sol que comenzará su viaje a la oscuridad en el Solsticio de verano del hemisferio norte, ¿nos daremos la oportunidad de preguntar? ¿De caminar hacia nuestra verdad íntima? ¿De reconocer nuestro dolor, respirar hondo y perdonarnos? ¿De unir nuestros trozos separados y abrazarnos para poder así comprender a otros?

Algo nuevo nace mientras se cierra el ciclo de un largo tiempo histórico en el que la culpa y el pecado justificaron mucho dolor, mucho sometimiento y mucha violencia. Esa sombra puede que siga robándonos energía, que siga intentando someter nuestro corazón a la vergüenza; nuestros pensamientos, conversaciones y acuerdos a la tensión y la competencia; nuestros amores, proyectos, estudios y curiosidades a lo correcto de sus antiguas pirámides.

¿Por qué no sembrar unas semillas que nos sirvan para reencontrarnos, curar nuestra dualidad y llevar nuestras preguntas hacia una mayor comprensión? Para crear puentes que restauren la comunicación, la fluidez y la amabilidad, esa gracia que hace felices los encuentros y nos pone a dormir como niños.

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