LUNA SEMILLA DE CAPRICORNIO

El día 17 a las 4:18 de la madrugada fue Luna Nueva, la conjunción Luna y Sol en el sector celeste de Capricornio. Junto a la Luna y el Sol, Venus en los últimos grados del signo; en los primeros grados, la conjunción de Saturno y Mercurio, y en la zona central Plutón.

Cuatro planetas y las dos luminarias en el sector celeste de Capricornio indican mucha energía  en todo lo relacionado con sus significados simbólicos. Responsabilidad, obligación, cargas, retos, limitaciones y esfuerzo. Pero el invierno y Capricornio no son solo rigor y lentitud. Como signo del Solsticio, Capricornio es la puerta del nuevo nacimiento solar.

Solo la mirada atenta, la que profundiza, la que ve más allá de lo aparente, nos descubre esa pequeña luz que nace en la oscuridad.

Por eso cada año, el ciclo solar nos recuerda algo importante en Capricornio, la posibilidad de ir más allá y experimentar la vida con más profundidad, con más compromiso; de asumir la propia responsabilidad para descubrir el potencial individual, para desarrollarnos y alcanzar la realización al reconocer y aceptar los propios retos.

La luz que nace en lo oculto, avanza poco a poco y se convierte en símbolo de revelación y de consciencia.

Como la cabra, nos esforzamos en subir la montaña, obedientes al designio de la pasión o la obsesión individual, del trabajo y la responsabilidad, de la obligación y el compromiso con la vida, del cuidado y la supervivencia. Y en ese esfuerzo cotidiano, un día levantamos la cabeza, como la cabra, y descubrimos el impresionante paisaje, la luz de un nuevo amanecer, la belleza del horizonte, el inmenso cielo de una verdad íntima o de una intuición. La comprensión de una parte de nuestro viaje vital, el reconocimiento que nos afirma en lo que sentimos como verdadero e importante en la vida, lo que nos da estructura, nos asienta y da sentido al esfuerzo.

Esa mirada iluminada reconforta del camino recorrido, del desgaste inevitable que nos acompaña desde el primer aliento y el esfuerzo de nacer.

Nuestro cerebro desarrolló hace milenios un sentido del yo que nos hizo sentir únicos, diferentes, especiales; pero a la vez separados, solitarios en esas zonas íntimas y llenas de sentimientos, difíciles de expresar y compartir. Nos inundó entonces el anhelo por sentirnos comprendidos, por encontrar la mirada cómplice de quien pudiera leer en nuestro corazón.

Seguramente por eso llenamos la época de Capricornio con el compromiso navideño, la reunión familiar, el encuentro social, la celebración obligada. Esa dinámica esconde una verdad, somos seres sociales y nos impulsa el deseo de participar, de desarrollar nuestro potencial para compartirlo con los demás, para dejar una huella en el mundo. Algo muy relacionado con el instinto de reproducción representado en el signo de Cáncer, el signo opuesto a Capricornio, pero que en el primero se expresa en la dimensión familiar y en el segundo en la dimensión social.

Capricornio representa el deseo de desarrollar una vocación para proyectarnos en el mundo, por eso es también el signo que simboliza madurar, porque hay una relación entre superar la dualidad y la angustia de la soledad y desarrollar con plenitud e independencia la propia individualidad; lo que C. G. Jung llamó “individuación”, que nos conecta con quienes somos y lo que queremos hacer en la vida. Es la revelación que propone el símbolo de Capricornio, la verdadera independencia, el compromiso honesto con uno mismo y con la propia vida.

Interesante secreto el que nos propone tal concentración de planetas en Capricornio y que quizás podamos actualizar en esta Luna Semilla, al sembrar algún propósito que nos acerque a la madurez, que sirva tanto a lo personal como a lo social, que nos descubra nuestra propia utilidad.

Cuando la Luna llegue a su oposición con el Sol, en la Luna Llena, el día 31 de enero, será con un eclipse total de Luna en el signo de Leo. Un eclipse que nos recuerda que si confundimos el ego con el yo individual, podemos caer en todo tipo de trampas. En el resentimiento, la culpa, la susceptibilidad, el aislamiento o la carencia. En esa búsqueda desesperada de la mirada del otro, de su reconocimiento, y perder de vista el horizonte.

De todas formas, aunque nos atrape en sus juegos, el ego siempre es superficial, por lo que podemos volver al centro con un poco de meditación que nos devuelva a la mirada honesta en el interior, a recuperar el respeto hacia quien somos y nuestro viaje, esa verdad que nos une con todo, con el canto de los pájaros al amanecer, con la creatividad y la confianza en la vida.

 

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