LUNA NUEVA DEL 24 DE MARZO DE 2020

El escenario, la Tierra, un planeta que gira en la tercera órbita alrededor del Sol, la estrella central de un sistema planetario situado en la Vía Láctea, una galaxia espiral formada por millones de estrellas.

En la primera escena, el planeta Tierra está entrando en una nueva era geológica, el Antropoceno, llamada así por el gran impacto de los seres humanos sobre sus ecosistemas. Se ha iniciado un proceso de cambio climático, que se traduce en un calentamiento global acelerado por la emisión de gases a la atmósfera procedentes de la actividad humana, junto con una concentración cada vez mayor de desechos producidos por el consumo.

Todo parece indicar que un proceso irreversible ha comenzado, millones de humanos pululan por el planeta con sus aviones, coches, trenes, mercancías, gases, palabras, ideas, tensiones, ocios, juegos, dolores, recuerdos, deseos, sueños, una marea que parece imposible de parar. Una crisis económica que se arrastra desde hace años en una cultura basada en la acumulación de capital y en el consumo, que contrasta con profundas desigualdades sociales y no termina de tomar las decisiones necesarias para revertir las consecuencias del calentamiento global.

Una red de comunicaciones planetaria y el avance de las nuevas tecnologías aceleran la comunicación y el intercambio.

Desde la visión arquetípica de la astrología psicológica, el año 2020 se veía venir como un tiempo de crisis profunda, un año de cruce, una etapa de fuertes y aceleradas trasformaciones que nos enfrentarían con la necesidad de tomar decisiones globales y alcanzar un nuevo nivel de consciencia.

Esta etapa se abrió con los eclipses del Sol y de la Luna de las Navidades.

El primero fue en la Luna Nueva del día 26 de diciembre de 2019, un eclipse anular de Sol a 4º de Capricornio en conjunción a Júpiter.

Desde mi punto de vista los eclipses de Sol sacan a la luz algo que estaba oculto, es como si una ventana que estaba cerrada se abriera y al hacerlo nos descubriera algo conflictivo, bloqueos o problemas, que no habíamos visto hasta ese momento. Al salir a la luz nos dan la posibilidad de reconocerlos y buscar soluciones.

“Un eclipse de sol saca a la luz algo que estaba oculto y nos recuerda algo importante. Nos descubre herramientas y soluciones, actualiza nuestras posibilidades, nos pide atención y nos reinicia.” 

“Hemos pasado por diferentes fases en este ciclo de eclipses entre Capricornio y Cáncer, y todas apuntan hacia un cambio profundo en las estructuras de nuestra vida y nuestra sociedad, un cambio que busca un mayor equilibrio, deshacer la rigidez de las viejas estructuras, abrir los corazones, desarrollar la sensibilidad, madurar y comprometernos en un proyecto coherente con la vida en común.” 

El 31 de diciembre 2019 se dio la primera alerta en China, en Wuhan, de casos de neumonía de un virus desconocido.

El segundo eclipse fue el día 10 de enero de 2020 en la Luna Llena. Fue un eclipse penumbral de Luna en Cáncer, que se situaba en oposición al stellium de planetas en Capricornio, Saturno, Plutón, el Sol, Mercurio y Júpiter, que se estaba acercando al grupo.

La puerta de Capricornio es la puerta de la responsabilidad individual, y la Luna desde Cáncer nos estaba avisando de una debilidad, de una vulnerabilidad que nos obligaría a tomar esa responsabilidad y aprender a cuidarnos unos a otros, más allá de ideologías y religiones, como miembros de una misma familia humana.

“El reto será generar una alianza colectiva, global y planetaria por la cooperación, la solidaridad, la comprensión, la empatía, la unidad y la comunidad. Necesitamos una acción activa y decidida para conocer y comprender. Que se iluminen las mentes, que despierten, que nazcan, que salgan a la luz las ideas, las intuiciones, la inspiración. Que conozcamos lo que está oculto para restaurar el equilibrio y aprender. Que nos demos cuenta de que solo en la cooperación está la vida, ese misterio.”

La conjunción de Saturno y Plutón se relaciona con un tiempo de crisis estructural y económica, representada por el arquetipo de Saturno, que se enlaza con una crisis climática y de la naturaleza, representada por el arquetipo de Plutón, que será el primer protagonista de esta historia. Plutón es el arquetipo que dispara la crisis, es el virus, el oculto e invisible, el que desvela el poder de la naturaleza y nos recuerda nuestra vulnerabilidad.

“Pronto Saturno y Plutón formarán conjunción en Capricornio, es uno de esos momentos épicos que muchos estudiosos de la astrología han asociado con acontecimientos radicales, con profundas transformaciones de las sociedades humanas, muchas veces relacionados con cambios naturales, climáticos y geológicos; no podemos olvidar que el gran poder, más allá de todos los demás poderes, está en la Tierra, el planeta que nos sostiene, y en su naturaleza.  La conjunción de Saturno y Plutón del año 2020, a la que se añadirá Júpiter en primavera, quizás simbolice una crisis definitiva de las estructuras que han sostenido nuestras sociedades en los últimos cinco mil años. Que sea más o menos dura esa transformación creo que dependerá de nuestra capacidad para aceptar los cambios, para aprender, conocer y reconocer, para darnos cuenta de las oportunidades que se abren cuando un ciclo se cierra. Para dialogar, comprender y madurar como humanidad. Para hacernos conscientes, construir juntos y unirnos al cambio que late en las profundidades de la naturaleza y el planeta.”

El 9 de enero, un día antes del eclipse de Luna, anuncian en China que los nuevos casos de neumonía son el coronavirus. La primera muerte conocida en China se produce el día 11 de enero, el día después del eclipse de luna. El 23 de enero se cierra Wuhan y el 25 de enero se cierra toda la provincia de Hubei.

La Luna Nueva de enero fue el día 24 en Acuario, esta conjunción del Sol y la Luna formaba un aspecto tenso a Urano en Tauro. Urano será el segundo protagonista de esta historia, el que nos obliga a innovar, a investigar, a encontrar alternativas, a cooperar, a distribuir, a colaborar, a desarrollar consciencia y unidad de grupo.

El 31 de enero se conoció el primer contagio en España, mientras Italia ya declaraba el estado de emergencia.

En la Luna Nueva de Piscis del 23 de febrero, la Luna y el Sol formaban conjunción con Mercurio retrógrado.

 “El último signo del zodiaco, el número doce, el que cierra el ciclo. El final, la disolución, la entrega, la aceptación, la última vuelta de la espiral y un tiempo de espera. Un momento que puede parecer caótico, como un torbellino en un cruce de caminos o un cambio de estación, un trasbordo, una mudanza, una despedida, un abandono.”

El arquetipo de Neptuno, que está ahora en el sector de Piscis, es el tercer protagonista de esta historia. Un contagio, una disolución de los límites, una sensación de irrealidad, un misterio de la naturaleza, un virus que se extiende rápido por el planeta. Una confusión añadida al despiste de Mercurio, que comenzó su movimiento retrógrado el día 18 de febrero y volvió al movimiento directo el día 11 de marzo. Mercurio se convirtió en el enlace, el aliado, el cómplice del virus en nuestro desconocimiento, en nuestro retardo al comprender, un retardo que nos recuerda que no somos infalibles, ni perfectos, y que no lo sabemos todo. Una disminución en la agilidad del pensamiento y la visión, algo desconocido que emerge de las profundidades de la vida, un ser invisible con el poder de extender el miedo, de encerrarnos, aislarnos y limitar nuestros movimientos.

Mercurio viajó al inframundo de Plutón que, aliado con Neptuno en nuestro inconsciente colectivo más profundo, planeaba mandarnos una alerta ordenada por la Gran Madre Naturaleza.

El día de la Luna Llena, el 9 de marzo, dos días antes de que Mercurio volviera a su movimiento directo, el virus empezó a correr. Ya teníamos a Júpiter cerca de su conjunción con Plutón y Saturno en Capricornio. Júpiter empezó a colaborar con su energía acelerada y su búsqueda de soluciones. Una nueva visión comenzó a extenderse cargada con el deseo de colaborar entre todos y se abrió la puerta de profundos cambios en la consciencia colectiva.

Ese día se declaró en Italia el aislamiento total.

El día 14 de marzo se declaraba el estado de alarma y el confinamiento de la población en todo el territorio español

Una experiencia que me parece interesante comentar, el día 24 de enero iniciamos en uno de mis grupos un experimento de sincronicidad que convertía el Juego de la Oca en un calendario lunar. Lo comenzamos ese día porque fue el de la Luna Nueva de Acuario, la que marca el comienzo del año lunar. Mañana, día 27 de marzo, se cierra el primer giro de Ocas y Lunas en la casilla 64, el Jardín de Ocas, y es el primer día de Luna Semilla del mes lunar que comenzó el 24 de marzo. La sincronicidad más significativa la tuvimos el domingo 15 de marzo, primer día del encierro decretado por el gobierno, que caía en la casilla de la cárcel.

La Luna nueva del martes pasado, 24 de marzo, fue en los 4º de Aries en conjunción a Quirón y a Lilith.

Luna Nueva Aries, 24 de marzo de 2020.

El arquetipo del centauro Quirón nos habla de nuestras heridas, psíquicas o físicas, de nuestro sentimiento de debilidad, de carencia, de enfermedad. Del dolor íntimo de los diferentes, de los olvidados. De los sentimientos de marginación. Este patrón simbólico propone reconocer y aceptar nuestras heridas, tanto individuales como colectivas. Reconocerlas nos permitirá sacarlas a la luz e investigar para encontrar alternativas. Puede que sean heridas incurables, como las del centauro de la mitología, pero él supo vivir con ellas y desarrollar su sabiduría, su comprensión y su empatía hacia las heridas de los demás, y por eso se convirtió en un sanador, un maestro y un guía para otros.

Quirón es el cuarto arquetipo protagonista de esta historia. Podemos verlo en todas esas personas que no pueden encerrase en sus casas porque tienen que trabajar para cuidar, sanar, investigar, proteger, limpiar, organizar, animar, alimentar… Pero Quirón también nos representa a todos y cada uno en nuestros miedos y debilidades, nuestra vulnerabilidad, soledad y falta de confianza. Quirón nos enfrenta como humanidad a la necesidad de dejar de echar culpas fuera y reconocer esa angustia que nos late dentro, el miedo. Nos propone parar y aceptar esa parte dolorida que todos llevamos dentro, reconocer y aceptar nuestras imperfecciones, nuestras debilidades, y abrazarnos tal y como somos realmente. Solo así podremos abrazar y aceptar las de los demás y sanar nuestra humanidad y el planeta. Solo así podremos saltar hacia una nueva mirada que nos de la fuerza que necesitamos para poner nuestro granito de arena y crear una corriente de consciencia colectiva cargada de unidad.

Lilith es un aspecto de la luna oscura, es Perséfone, la compañera de Plutón en el inframundo, el arquetipo de la Madre Naturaleza en su dimensión más oculta y misteriosa, más indomable. Esa naturaleza que suelta a sus cervatillos, pavos reales, palomas y jabalíes por las calles vacías. Ese lado salvaje que nos habita también en lo profundo y que C. G. Jung llamaba la sombra. Esa pulsión instintiva que se transforma en celos, envidia, deseos, rabia, competencia, egoísmo… Ese aspecto de nosotros que no queremos reconocer y solemos proyectar fuera, en los otros, y al que empujamos cuando asoma sus cuernecillos en el espejo del silencio y la soledad. Ese monstruito que cuanto más escondemos más nos desnuda, y que habita en los cuartos oscuros de inconsciente. Esa corriente de la vida psíquica que se conecta con los instintos, con nuestra naturaleza salvaje, con la pulsión de la supervivencia.

Lilith asoma sus pezuñas de leona para recordarnos que también necesitamos reconocer y mirar de frente nuestra sombra y liberar esa enorme energía para convertirnos en seres completos, capaces de reconocerse en sus pasiones y de dialogar con ellas para que no nos dominen, para convertirlas en fuente de creatividad y de consciencia.

La naturaleza y el planeta, con sus rocas, volcanes, selvas, sequías, huracanes, incendios, medusas, leones, ciervos, osos, pavos, palomas, palmeras, bosques, olas, mareas, bacterias y virus, nos recuerda que somos parte de ella.

Nuestra semilla de este mes, que podemos sembrar desde el jardín de Ocas del día 27 y hasta el primer cuarto creciente de la Luna, que será el día 1 de abril en Cáncer, puede relacionarse con ese reconocimiento, con esa mirada sincera hacia nuestros fantasmas y monstruos íntimos, para liberar la energía estancada y descubrir una forma de sanar nuestras heridas, de aceptar que no somos perfectos. Al abandonar la energía que ponemos en serlo y en no conseguirlo, descubriremos en nosotros y en el colectivo cualidades que quizás despreciábamos, porque no sentíamos que respondían a los estándares comunes. Podremos relajarnos y ser más comprensivos, cooperativos y humanos con nosotros mismos y con los que nos rodean, con el planeta y con esa naturaleza de la que tanto nos hemos empeñado en huir y a la que tanto nos hemos concentrado en explotar.

En el mapa astral de la Luna Nueva, vemos también la conjunción múltiple de Júpiter, Plutón y Marte en Capricornio, y muy cerca Saturno que ha entrado en Acuario el día 23 y estará allí hasta que comience un movimiento retrógrado el 12 de mayo, que lo devolverá a Capricornio y a la conjunción otra vez con Plutón en julio.

Estos tres, Saturno, Plutón y Júpiter estarán todo el año encontrándose, pero Marte saldrá de este sector alrededor del 10 de abril y relajará un poco la tensión que está empezando a crecer esta semana, el pico del virus.  Es importante recordar que será en estos momentos cuando nuestros fantasmas y tensiones ocultas salgan a la luz, cuando esos bulos destructivos intenten desunirnos y debilitarnos con más intensidad.

Que esta reflexión sobre las corrientes arquetípicas del inconsciente nos sirva para cribar la información que nos llega, para no aceptar mensajes que aumenten el miedo y la desconfianza, sea como sea estamos aquí, este es nuestro Tiempo Real ahora, esto es lo que está pasando.

Este escenario y este tiempo contienen una propuesta, dediquemos nuestra energía a encontrar la nuestra, a conocernos mejor, a reconocer nuestros sentimientos más profundos, a descubrir dónde nace nuestro miedo, a dialogar con nuestras sombras y los fantasmas que ocultan.  A crear nuevas respuestas y alternativas, a romper con viejos hábitos, a querernos y cuidarnos. A explorar nuestros espacios, a reconocer y aceptar nuestra vulnerabilidad.

Abracemos nuestro ser completo, con sus luces y sombras, aprendamos a confiar y hagamos cosas que nos mantengan activos, que sean útiles, que nos abran la cabeza y el corazón, que cuando salgamos de ésta, podamos recordar con cariño.

Si vemos el mapa de la Luna Nueva, Venus en Tauro, La amable, dialoga en un buen aspecto con la pandilla reunida en Capricornio. Ella es el símbolo de la otra cara de la naturaleza, su abundancia, su belleza, su abrazo, que se expresa en la primavera, en las flores, en la lluvia dulce, en los pájaros y su música, en los juegos, en las artes de una vida serena, en la confianza en la vida, que solo llega cuando también reconocemos sus zonas oscuras.

Urano está al principio de Tauro y forma un aspecto tenso a los planetas reunidos en Capricornio.  Los empuja a buscar y descubrir alternativas para salir no solo de la crisis puntual del virus, también para encarar la crisis del cambio climático, que nos irá retando a reconocer los nuevos escenarios en los que tendremos que desarrollar nuestra supervivencia. Pero sobre todo está proponiendo una revolución tecnológica que nos llevará a todos a una nueva dimensión, un reto que ya estamos experimentado de forma acelerada con las reuniones online y la explosión de contactos sociales a través de Internet. Urano también avisa del cambio en la economía del planeta y de que serán necesarias acciones valientes y decididas que nos ayuden a salir de la crisis, a transformar la pirámide del consumo y a crear una realidad más equilibrada con el medio ambiente y más equitativa entre humanos, al estilo de Quirón. Una mirada que reconozca las debilidades de una sociedad que pone el peso del esfuerzo y la carencia en los que menos tienen. De esta forma es posible que el dinero poco a poco vaya retirándose de ese pedestal en el que lo teníamos puesto.

La salida de Marte de la zona de tensión alrededor del 10 de abril, ¿significa que volveremos a las calles como si nada hubiera pasado? Creo que no, quizás signifique que tendremos más información sobre lo que pasa con el virus. Todo el año andaremos entrando y saliendo de nuestro corazón a nuestros miedos, de estados de alarma a nuevos descubrimientos. No puedo predecir qué ocurrirá, pero me sumo a esa frase repetida que dice que cuando esto pase no seremos los mismos, que seremos diferentes, que habremos cambiado, y añado, no tendremos la misma perspectiva, la misma interpretación, el mismo conocimiento sobre nosotros mismos, sobre nuestra humanidad y el planeta.

Solo deseo que seamos capaces de dar ese salto a la consciencia colectiva que tanto necesita nuestro planeta.

La imagen de la entrada es de: Celia Montoya Molina.

 

 

 

5 respuestas a «LUNA NUEVA DEL 24 DE MARZO DE 2020»

  1. Nuestra vulnerabilidad al desnudo para transformar nuestra manera de habitar LA TIERRA. Al servicio de la Tierra! Gracias May, con dolor y amor!🦋

  2. Palabras que tocan el alma, duro, real, pero sin duda muy optimista para el viaje Tierra en el que todos vamos unidos. La imagen de Celia ‘CERATO’, flor de Bach, que nos ayudará a centrarnos, a conectar con nuestra necesidad más práctica al momento presente para decidir con confianza y seguridad, ayudándonos a escuchar nuestra intuición y nuestra certeza interior, dándonos libertad para decidir nuestro propio camino…

  3. Magnifico May…..que aliento de frescura y transformación. Me gusta y me siento cerca de tus palabras. Por fin el cambio para ser humanos. Gracias.

  4. Confiemos en que sepamos aprovechar todas esas fuerzas unidas y sirva para alcanzar una renovación que nos haga evolucionar y no involucionar.

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