Origen

LUNA NUEVA DE VIRGO

17 DE SEPTIEMBRE 2020

Con la Luna Nueva comienza un nuevo ciclo lunar, un ciclo en el que llegaremos al equinoccio de otoño, el momento en que la noche y el día se igualan antes de dar paso a la oscuridad, a la disminución paulatina de la luz camino del invierno. Estamos tan acostumbrados a nacer y crecer en ese ciclo, en ese diálogo entre la tierra, la luna y el sol que sostiene la vida, que pararse un momento a pensarlo, a sentirlo, puede conmover esa sustancia tan sutil y sensible de la psique que llamamos alma. El alma del tiempo se nos muestra ahora en los cambios físicos y emocionales, en los frutos diferentes, en los huesos, las ropas, las horas de sueño, a veces robadas por esa extraña ansiedad que acompaña a este paso de la luz a la oscuridad, de la esperanza del verano a la realidad del otoño con sus trabajos, sus estudios, esfuerzos y necesidades; con su poética y romántica mitología, que nace del miedo al frío, a la carencia, a la debilidad, a la soledad y a la muerte.

Virgo es la última constelación del verano, la que apaga su arrogancia y reconoce la necesidad cotidiana. El cuento de la cigarra y la hormiga ilustra muy bien esta dualidad entre el verano y el invierno, la cigarra hace sonar sus alas para refrescarse en su siesta veraniega, sin prisas y sin ganas de hacer nada más que haraganear a la sombra de los árboles, mientras la hormiga se afana en explorar para llenar su despensa de cara el invierno. Cuando llega el frío la cigarra pide ayuda a la hormiga, ésta se niega a dársela y echa en cara a la cigarra su pereza.

Me impactó la dualidad brutal de la historia, ¿de verdad había gente que se dedicaba a disfrutar de la vida y luego mendigaba para alimentarse a costa del esfuerzo de los demás? ¿De verdad esa gente merecía morir de hambre y frío? El caso es que mientras entendía a la cigarra, me ponía del lado de la tribu de las hormigas. El cuento estaba creado con esa intención moralizante, avisaba a los niños y niñas de no descuidar su sustento en aras de los placeres efímeros, pero con el tiempo supe que aunque contenía una enseñanza también contenía un engaño. De niña no conocía a nadie que fuera una cigarra, no veía su figura en mi entorno, donde las mujeres se afanaban en preparar, organizar, cocinar… Todavía no era consciente de quienes era las cigarras o los cigarrones, si es que existían, y a veces, en las largas tardes del verano, me sentía en parte cigarra y en parte hormiga, y me perdonaba largas siestas en premio a las esforzadas tareas pasadas y futuras. De adulta he conocido algunos cigarrones, aprovechados ladrones de energía, hombres inmaduros que se creen con el derecho a sostenerse de sus atareadas mujeres. Y he sido consciente de un sistema que se basa en la apropiación y la explotación de los recursos del planeta y de la mano de obra de los menos favorecidos, y que alimenta a cigarras y cigarrones avariciosos que acicatean a hormigas obsesivas para que juzguen sin piedan lo que cada uno hace con su vida. Y como siempre, la respuesta está en la cualidad del tiempo, porque mientras en Leo, entre julio y agosto, cantan las cigarras y acompañan nuestras siestas; cuando llega Virgo las hormigas llevan tiempo cosechando y ordenan sus despensas. Sociales, organizadas, previsoras, no abandonan su tarea, aunque sea larga y tediosa, porque el tiempo apremia, septiembre da paso al otoño y el otoño a las lluvias y las lluvias estropean el grano que haya quedado fuera de los graneros; y porque no trabajan solo por su propia supervivencia, también por la supervivencia del grupo.

Virgo este año nos recuerda que los humanos somos una sociedad hormiguero, no existimos unos sin los otros y los problemas que afectan a nuestro hábitat nos afectan a todos, las sequías, las inundaciones, los terremotos, las enfermedades, las crisis económicas, la falta de alimentos. Aunque enredados desde hace siglos en conflictos territoriales y de distribución de la riqueza, cuando llega una crisis como la que estamos viviendo resulta que nos afecta a todos.

En esta Luna Nueva, conforme se acercan el frío y la oscuridad, se hará cada vez más evidente la necesidad de colaborar juntos para superar las crisis. Cada uno es esencial en la supervivencia del grupo, desde en lo más pequeño, como cuidar la higiene personal o ponerse una mascarilla, a en lo más grave y urgente, como puede suponer atender enfermos en un hospital. Todas las acciones son importantes ahora, las de los grupos de sanitarios, los grupos de limpieza, higiene, recogida de residuos y reciclaje, los de la educación y la cultura, los que investigan soluciones y alternativas, los que recolectan y elaboran los alimentos que llegan a nuestros  mercados, los grupos que tejen, cosen, transportan, cuidan y acompañan en el último viaje, los que protegen, apagan incendios, cuidan los bosques y océanos, diseñan sistemas de comunicación, ensamblan piezas en cadenas de montaje, crear objetos útiles, diseñan formas bellas, investigan nuevas energías, miran más allá y nos ayudan a abrir horizontes mentales, nos informan y nos cuentan historias que nos ayudan a comprender el mundo o nos entretienen. Los que hacen sonar sus músicas, los que iluminan en el viaje del laberinto íntimo, los que recuerdan el valor de la infancia, de la vejez, del tiempo y de los ciclos… Todos formamos parte de una forma profesional, vocacional o espontánea de alguno de estos grupos, todos hacemos grandes o pequeñas cosas cada día. De una forma más o menos consciente todos colaboramos en el bien común, aunque a veces alguna hormiga empedernida se dedique a criticar, juzgar y castigar en exceso, o alguna cigarra avariciosa a acumular bienes a costa del esfuerzo de los demás.

Ahora afloran todas esas carencias en la sanidad y los cuidados que un sistema basado en el individualismo y la extracción de riqueza ha descuidado, incluso ha despreciado, como ha despreciado el dolor, la enfermedad, la vejez, la carencia y la muerte. Pero esta crisis nos recuerda que no dan igual los cuidados, no dan igual los colegios, no da igual la educación, no da igual la sanidad pública, no dan igual los recursos para la supervivencia de todos, porque esta crisis está demostrando que nadie sobrevive, por privilegiado o elegido que se sienta, en un hormiguero enfermo, sea cual sea la enfermedad, una corrupción egoísta, una tormenta furiosa o un virus oportunista.

Un cuento tan sencillo tiene una variedad de lecturas. De esto trata Virgo cada año, de sencillez, disminución de energía, y de todos esos detalles que contienen infinidad de lecturas y que construyen la vida cotidiana.

Esta es la propuesta de la Luna Semilla de este mes. ¿Qué aporto yo al grupo? ¿Para qué o por qué? ¿Cómo lo hago? Preguntas que van del yo al todos, que rompen la frontera de la tribu, del territorio, que me recuerdan que lo que hago, digo, arreglo, cuido…, participa de una realidad más grande, colectiva y compartida con las demás especies en el planeta. Virgo rige esa atención de servicio entre unos y otros y con el mundo de las plantas, los animales, los territorios, las montañas, las aguas, la atmósfera. Virgo cuida, cura, ayuda, colabora y se hace consciente de esa participación necesaria.

La llegada del otoño cada año nos recuerda la necesidad de colaborar, de unirnos y asociarnos para sobrevivir a la oscuridad invernal, y este año pone el acento en el conocimiento, la ciencia, la investigación, la justicia social, el reparto equitativo, la generosidad.

El Nodo en Géminis nos dice que el reto evolutivo de este tiempo supone superar las dualidades y aportar cada uno su parte de acción para el bien común. En este tiempo es importante informarse, hablar para llegar a acuerdos, ponerse en el lugar del otro y buscar las claves del diálogo a cualquier nivel en que se dé la dualidad. Surge una unión colectiva, quizás inconsciente, un latido, un sentimiento.

La Luna Llena será el día 1 de octubre en Aries y estará junto a Quirón. La Luna, que al llenarse ilumina los resultados, ahora no nos dará los resultados que esperamos, más bien evidencia cada vez más la crisis sanitaria, las dificultades en los ambientes escolares, las presiones económicas y las luchas por el poder que marcarán el otoño, y que nos dejarán cada vez claro dónde están los problemas. Esto nos ayudará a concretarlos y de esta forma reconocer lo que no podemos cambiar, pero también lo que sí podemos hacer, lo posible, lo útil, y a movernos para buscar alternativas.

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