LUNA NUEVA DE ESCORPIO

El día 18 de noviembre llegó la Luna a su fase de Luna Nueva. Noche oscura y renacimiento, noche oscura y linterna al más allá, cuando se abren las fronteras entre los mundos, entre lo conocido y lo desconocido, cuando nos asomamos al famoso Tártaro y sin atravesar su laguna Estigia, vivimos esa pequeña muerte mensual, que es antesala del nuevo nacimiento.

Nuestra Luna es generosa y nos enseña a reconocer y aceptar los tiempos con sus ritmos; la vida y la muerte, la luz y la oscuridad. El misterio de la creación que encierra las dos caras de la moneda, como la diosa ancestral que dio nacimiento a todo, divinidad andrógina que representaba a la vez la unidad y la diversidad.

En su encuentro en el signo de Escorpio, el Sol y la Luna se colocan juntos en los portales de la noche, que invade nuestros días en el hemisferio Norte como una insidiosa mancha, robándonos las tardes y envolviéndonos con ese manto que nos esconde en el interior de las casas, de las emociones, de la psique con sus estratos de la memoria.

En Escorpio, la Luna nos recuerda a la serpiente, que cada cierto tiempo desaparece entre las rocas para cambiar de piel. Ella se renueva y se va, dejando esa piel vieja que nosotros, al descubrirla, sentimos como una sorpresa, un regalo o una señal.

Así es este mes la Luna de Escorpio, una sorpresa y un regalo que, bien fregados y limpios, nos devuelven los objetos y recuerdos del pasado, cuando han dejado de ser pesados o inconfesables, cuando nos hemos liberado de las angustias, el resentimiento o la rabia, de la decepción, el desaliento, la renuncia, la envidia y los celos. Cuando descubrimos que detrás de esas emociones oscuras, había un anhelo de amor, de juego, de reconocimiento. La pasión de ser y desvelar la vida.

Júpiter y Venus también transitan Escorpio. Los planetas reales, ajenos a nuestras proyecciones, siguen su trayectoria celeste ensimismados en ella, con sus propios procesos de evolución, mientras sobre el fondo celeste de la elíptica nos cuentan sobre la confianza, la belleza oculta, la que nos sorprende porque aparece cuando menos se la espera. Un crepúsculo rosado que empaña el agua del mar y la vuelve mágica. Niños llorando irritados que de pronto se calman y nos descubren la paz del silencio. El encuentro y sus confidencias.

Estos dos se pasean juntos al amanecer y son un regalo, como la hermosa piel de la serpiente. La sabiduría de reconocer los propios regalos, es lo que equilibra la balanza del aspecto denso y lento de la energía de Marte en Libra en cuadratura a Plutón en Capricornio. Dos que no son muy amigos en la mitología, porque uno es directo, se enseña, su impulso se impone, controla, transforma, a veces violenta y destruye; el otro vive en lo oculto y es aliado de la naturaleza porque es el señor de la muerte. Desde el fondo de su realidad cuántica, descompone la materia, los hábitos, las formas, las ideas, los objetos, las emociones. Es la transformación que alimenta el nuevo nacimiento. La mutación evolutiva que esta vez, más que nunca, camina hacia la consciencia.

Ambos arquetipos, hasta ahora asignados a lo masculino, son regentes de Escorpio, el agua oculta y podrida de la muerte que alimenta toda la vida futura. Ambos mueren en este reto para renacer con un nuevo traje de dos caras, el que será Jano en enero, el andrógino, ni hombre ni mujer, más allá de las limitadas formas impuestas al género.

Marte en Libra se rasga sus vestiduras de bestia, porque ya está bien de vivir sin corazón. Y Plutón reflexiona en la cueva sobre el nuevo paradigma, busca en los orígenes algo que nos sirva para construir, una vez despojados de los viejos trajes.

Necesitamos encontrar los acuerdos y para eso, necesitamos aprender a dialogar, a ponernos en el lugar del otro, a sentir empatía, abrir el corazón; no dejar espacio a la rabia, la violencia o la locura, que siempre nos pasarán factura un día, en el dolor y el desvarío definitivo.

El día 22 de noviembre llegará el Sol al sector de Sagitario y se encenderán en muchos lugares las luces de Navidad, señales de su nuevo nacimiento en el solsticio de invierno. Señales de la esperanza, la comprensión y el conocimiento que son la recompensa del viaje a la oscuridad en Escorpio. De haber enfrentado los miedos, mudado la piel y abierto el corazón. Al día siguiente, el 23, Marte empezará su oposición a Urano en Aries que, combinada con la cuadratura a Plutón, puede enfrentarnos con una energía explosiva, quizás estrés, impaciencia e irritación.

Necesitamos algunos cambios y ahora podemos facilitarlos y realizar una transformación importante, pero no serán a base de violencia, de un impulso ciego y destructor. Mejor que tengamos cuidado para que no sea así, porque ahora podemos pactar con esa necesidad para hacer avanzar los cambios sin que se destruya lo auténtico, lo valioso, la piedra dorada, la luz en el corazón, la posibilidad de creación.

En este diálogo a tres, Marte propone en Libra la justicia, el respeto, la cooperación. Urano propone lo nuevo, el descubrimiento y la sorpresa que necesita delicadeza, como el niño recién nacido. En medio del caos de la creación, el cuidado necesario. Y Plutón, en el centro del triángulo, recuerda lo esencial, lo real, lo verdadero, más allá de nuestras interpretaciones y teatros, nos propone el salto a la consciencia. Su posición en Capricornio está removiendo esas viejas estructuras del poder y nos cuestiona sobre los cimientos de las nuevas creaciones.

La Luna Semilla será en la noche del lunes 20 al martes 21. Tiempo de cambiar, de renovarse, de desechar los viejos hábitos, las ideas y complejos que limitan nuestra posibilidad de cooperar. De transformar estructuras, de abrir los caminos de la energía para que fluya y alimente esos nuevos paradigmas de consciencia, creatividad, responsabilidad, libertad, igualdad, respeto y cooperación.

 

 

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