LOS ECLIPSES DEL VERANO

El primer eclipse – día 13 de Julio.

 

Será  un eclipse parcial de Sol  a  20º41′ de Cáncer, durante la fase de Luna Nueva, y ocurrirá en España y Europa durante la madrugada por lo que no podrá verse en esta zona del planeta.

Durante un eclipse vemos la sombra de una de las luminarias sobre la otra, algo espectacular que nos ayuda a tomar consciencia del sistema en el que estamos inmersos, de la presencia física de nuestro planeta y de su relación con la Luna y el Sol, que en su sincronía han propiciado la vida y nuestra presencia en la tierra, y que al manifestar sus eclipses nos proponen reconocer esa realidad física indiscutible.

Mientras nuestro cerebro se alimenta del cuerpo, de sus proteínas, vitaminas, de su carne y sangre, también ha sabido fabricar drogas muy efectivas que nos llevan a fantasear y a soñar sentidos y transcendencias. Como el amor romántico, la droga que sirvió a los primeros dominios patriarcales para crear las bases de sus pirámides, las que nacen en la dependencia de los vínculos genéticos y los apegos emocionales.

Ese es el territorio de Cáncer, la familia. No lo femenino, porque asociar lo femenino a la familia fue parte del engaño, fue la forma de someter a la mujer a través de su útero y de robar al hombre su propio útero interno, su estómago, y de esta forma aprovechar su energía en el trabajo para otros.  Un engranaje muy bien construido hace 5000 años.

La Luna como regente de Cáncer no es femenina ni masculina, está más allá de esas imágenes mentales. Fue significada por los humanos ancestrales como un ser andrógino que en su caminar celeste marcaba los ciclos de las aguas, los animales y las plantas, por lo que servía para crear un calendario que nos permitía alimentarnos y sobrevivir en un mundo sin supermercados ni cultivos intensivos.

La observación de sus fases y ciclos y de su sincronicidad con los cambios en la naturaleza, nos ayudó a crear calendarios con los que conocer en qué épocas están llenos o vacíos los cangrejos, cuando maduran las castañas o  paren las hembras de los carneros. De esta forma la Luna se convirtió en el vínculo cíclico que nos permitía dialogar con la naturaleza y vivir en ella,  el gran vientre de la vida.  Una vida, una Luna y Sol, una potencia andrógina que nacía de sí misma y manifestaba las más variadas transformaciones de la energía. Todavía no existía esa polaridad sexual tan  acentuada que hemos heredado del patriarcado. En sus fases representaba aspectos diferentes del ciclo vital y de sus manifestaciones, como el embarazo y el parto, la juventud,  la vejez, la muerte, los hombres verdes, como los Cernnunos o las mujeres abundantes, como las Venus esteatopigias.

Los eclipses nos recuerdan nuestro origen y el origen de esos símbolos iniciales que luego, en sucesivas capas de interpretaciones, dieron forma a la Psique. Nos sirven para actualizar esa memoria ancestral y borrar los patrones erróneos, en el sentido en que nos hayan desvirtuado como Humanos conectados al vientre de la vida y por lo tanto, de nuestro vientre interno, de nuestro cuerpo y de la casa que lo contiene, la tierra, y en cada uno, de nuestra propia casa, cama y cocina, lugares donde está el cordón umbilical de nuestro mantenimiento físico.

De esto trata este eclipse parcial de Sol en la Luna Nueva de Cáncer. De recordar que nuestro cuerpo es el verdadero Grial, la fuente de todo, el vientre/útero donde se fabrican los sueños, las fantasías, los ideales, los proyectos, los sentimientos, la verdad y la consciencia de ser.

Este eclipse  nos recuerda la necesidad de cuidar el cuerpo y con qué lo alimentamos para que fragüe nuestra presencia. De cuidar y tomar consciencia del espacio que habitamos y lo que nos da a cambio de ese cuidado. De tomar consciencia de nuestros vínculos familiares y lo que intercambiamos en ellos, y nos prepara para madurar la elección individual que convierte esos vínculos en experiencias de amor humano más allá de los viejos juegos de manipulación y dependencia.

Plutón es el planeta que hace oposición al Sol y la Luna en el eclipse y nos avisa de que en esos territorios de las dependencias emocionales, en los huecos vacíos de nuestros estómagos, de nuestra desesperación existencial, nacen las sombras del infierno. En los juegos del ego y de la manipulación emocional que someten al ser creativo que llevamos dentro.
Los eclipses no solo nos ayudan a actualizar cosas pendientes, también a descubrir y tomar consciencia de algo de lo que no nos habíamos dado cuenta hasta ahora.

Sobre todo a darnos cuenta de la naturaleza, el cosmos, el universo, las luminarias, nuestros planeta, que nos hacen un guiño en el cielo para recordarnos recuperar el espacio interior, llenarlo de ser y de presencia, y sentir el vientre de la vida con profunda gratitud.

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