LAS FASES DE LA LUNA Y SUS DIOSAS

La energía y sus variados matices, manifestaciones, cambios, estados, temperaturas. La energía que no se crea ni se destruye, solo se transforma. La vida que nace y muere y vuelve a nacer. Los días y las noches, que se suceden siempre diferentes con sus amaneceres y atardeceres, en los que las dos luminarias, el sol y la luna, se alternan en el cielo y marcan con sus ciclos los acontecimientos terrestres.

El Sol parece más lento en sus transformaciones, desde nuestro punto de vista terrestre, camina el cielo aumentando o disminuyendo la luz y la temperatura. La Luna, más rápida y cercana en las noches, nace, crece, se llena, decrece y muere cada mes. En sus cambios de forma, nos asusta cuando desaparece en la noche oscura de la Luna Nueva y nos anima y activa cuando la vemos aparecer otra vez en el cielo, fina y brillante, y nos recuerda que todo renace, que somos parte de la naturaleza y participamos en su renovación periódica. Desde que asoma y empieza a crecer, toda la dinámica energética del planeta siente su influencia y se mueve. Los animales y plantas acompasan sus ciclos reproductivos a las diferentes lunas y sus fases, que también afectan a las aguas, a las mareas, los climas, los vientos…

Un diálogo energético que hace miles de años, cuando no teníamos tanto conocimiento sobre la energía, los átomos, la fuerza electromagnética o la gravedad, fue diseñado en los símbolos y los relatos mitológicos.

Nacieron los calendarios lunares, dedicados a la observación del ciclo reproductivo de determinados animales y su sincronicidad con la luna, hay ejemplos de esos calendarios en el paleolítico. Los dibujos y grabados espirales del neolítico nos indican que en esa época ya sabíamos de la sincronicidad entre la Tierra y la Luna, y que su alianza era fundamental para la vida y la supervivencia.

Las primeras diosas encarnaban los diferentes aspectos de la energía en la naturaleza. Eran figuras conceptuales que representaban el fuego, el rayo y la tormenta, la lluvia, el atardecer, el amanecer, las montañas, los lagos, las flores, los animales, la reproducción, el alimento, la luz y la oscuridad, las cuevas, los árboles…

Los oráculos se basaban en la observación del vuelo y el canto de los pájaros, en los ciclos de las aves migratorias, que anunciaban los cambios estacionales; en el despertar de los insectos en primavera; en las fases de la luna y sus cualidades asociadas. Cada una de sus fases con sus matices, su forma, su tono de color, tenía su manifestación sincrónica en los seres y las aguas del entorno, y más adelante fue representada en las cualidades de las diosas.

Hablar de esas diosas no significa recuperar formas de adoración pasadas, establecer religiones ni dogmas, es contactar con los tonos de la energía de los ciclos a través de aquellas metáforas poéticas que sirvieron para crear los calendarios y que señalaban la cualidad de los tiempos.

De esta idea parte la asociación de diosas y lunas que sigue, que está en línea con la asociación del calendario lunar al juego de la Oca, y que propone aprender a percibir la energía de los días, a sentir el reloj biológico, el ritmo vital, el pulso del planeta en su diálogo con el sol y la luna; a reconocer esos tiempos que nos ayudan a hilar el tejido de la vida, a conocernos, a sanar el caos emocional, a conectar con la naturaleza, a crear nuestros proyectos, a sentir, a ser y estar.

CADA CICLO LUNAR TIENE CUATRO FASES
LUNA NUEVA O LUNA OSCURA

Es la fase en la que el sol y la luna se encuentran alineados en el cielo, y la luna interpuesta recibe la luz solar en la cara que no vemos desde la tierra. Los pueblos ancestrales pensaban que la luna se iba a algún lugar, que cruzaba al territorio de la muerte o que iba a descansar para reponerse, a dormir, e incluso que tenía la regla, por su sincronicidad tan evidente entre sus fases y el ciclo de las mujeres. La luna nueva se retira a descansar y nos propone ese descanso reparador que sirve para fraguar las semillas que verán la luz en la luna llena siguiente.

LUNA SEMILLA

Es la primera luna en el cielo, fina, sutil, a veces derecha, como una uña, otras veces inclinada en forma de cuenco, o como los cuernos de un toro. Es la luna que al crecer, revitaliza los cuerpos y la naturaleza y nos recuerda aprovechar esa nueva energía para diseñar, elaborar, sembrar ideas y proyectos, experimentar, investigar, para hacer esas cosas que, guiadas por la necesidad o la intuición, son importantes para mejorar la vida.

LA FASE DEL CUARTO CRECIENTE

Es la primera cuadratura entre la luna y el sol. Es el reto, el momento de comprobar los bloqueos, las dificultades, las tensiones que pueden surgir respecto a lo que estamos viviendo o lo que hemos sembrado en la luna semilla.  Es esa criba, ese momento de esfuerzo que puede ayudarnos a pulir los proyectos, a aterrizar y comprobar si es real lo que planeamos o es una fantasía, a despejar la confusión. Es un momento de tensión o contradicción, que ayuda a aclarar las ideas y a organizar la acción de una forma más concreta y real. Podemos asociar este momento al empuje, al esfuerzo que tiene que hacer la planta recién nacida para romper el manto de tierra y crecer.

DOS DÍAS Y MEDIO ANTES DE LA LUNA LLENA

Tenemos mucha energía otra vez, es un tiempo vital, estimulante, muy creativo, que puede asociarse al último mes de embarazo. A la curiosidad, la vitalidad y a una inquietud esperanzada. También puede asociarse a la planta cuando echa los primeros capullos.

LUNA LLENA

Es el florecimiento, cuando los capullos de la planta se abren y dejan ver el color de sus flores. Es el tiempo de tener alguna señal, de experimentar sincronicidades, de ver con claridad sobre algún tema, de tener inspiración, encontrar alternativas. Los tres días de la luna llena están recorridos por una energía que se mueve hacia el exterior. Es la fase en la que el sol y la luna están en oposición, uno enfrente del otro, y por eso la luna recibe los rayos del sol de forma completa y en la cara visible desde la tierra.

CUANDO LA LUNA COMIENZA A MENGUAR

Esa energía de la Luna Llena comienza a replegarse. Es un tiempo de tareas y organización, de ordenar, de observar y evaluar.

CUARTO MENGUANTE

Es la segunda cuadratura entre la luna y el sol, es el tiempo de recoger los frutos del mes. El resultado de las actividades, de los proyectos, de la semilla, si era la semilla de un proyecto a corto plazo, algo sencillo y cotidiano. Cuando sembramos semillas más importantes, proyectos más complejos, más a largo plazo, será en la luna menguante de tres, seis o doce meses después cuando podremos evaluar los resultados y sembrar el siguiente paso.

Después la luna irá menguando hasta volver a desaparecer otra vez en la Luna Nueva. Esos días son de reflexión y meditación. Es el repliegue de la energía, es tiempo de descanso, purificación, limpieza; de reconocer lo que no ha salido, lo que no nos gusta. Reconocer el esfuerzo y evaluar el gasto de energía para sanar y equilibrar el exceso. Es un tiempo de reconocer lo que no podemos cambiar, de aceptar para no desperdiciar nuestra energía en luchas inútiles, para encontrar alternativas. Días de reposo, de limpieza interna y externa, de sueño, que no ayudan a purificar emociones y a preparar el cuerpo y la psique para el siguiente ciclo lunar.

Esta relación de diosas asociadas a las fases de la Luna y a los signos del zodiaco nace de la intuición personal. Todas tienen algo en común, representan a la naturaleza traducida en su multiplicidad de manifestaciones. Su poética puede servirnos para conectar con esa cualidad del tiempo y el espacio en cada época, y de esta forma sintonizar nuestra vida diaria con los sutiles tonos y ritmos de los ciclos naturales.