ENERGÍAS TELÚRICAS. GEOBIOLOGÍA Y FENG SHUI.

Los sistemas de la geobiología y el feng shui tienen su origen en la necesidad y el instinto de nuestros antepasados paleolíticos, que desarrollaron un profundo conocimiento de los lugares y paisajes que habitaban. Esto les ayudó a sobrevivir, a identificar los lugares de refugio, a encontrar los caminos del agua y a reconocer zonas fértiles en las que recolectar alimentos. Ya en el Neolítico, durante los primeros asentamientos agrícolas, se hizo fundamental elegir los mejores lugares para construir los poblados, que eran reconocidos por quienes sabían leer las señales de la tierra  y el cielo, y que también elaboraban  los calendarios de siembra y cosecha.

Nacimiento y muerte eran los grandes misterios y los lugares profundos de las cavernas se convirtieron en espacios sagrados. El latido de la tierra debía sentirse con más fuerza en su oscuridad uterina y fueron elegidos para realizar las primeras pinturas, una forma de dialogar con la Gran Madre.

El siguiente paso fue construir dólmenes y megalitos en lugares significativos por su energía y ubicación en el paisaje. Servían como puntos de referencia para las tribus, lugares de encuentro e intercambio estacional y umbrales para los muertos, que así volvían al vientre de la madre.

La llegada de los primeros estados e imperios llevó esta actividad constructiva a manifestaciones asociadas a las ideas de poder y conquista de las nuevas clases dirigentes, a la épica de sus nuevas religiones y a la necesidad de marcar los territorios para la posteridad. En las pirámides egipcias, mayas y aztecas encontramos una expresión espectacular de este deseo de poder y eternidad.

El feng shui originario era utilizado en China para construir las tumbas de los antepasados, propiciando así que intercedieran desde el otro lado en la buena vida de sus descendientes. Y para construir el palacio/ templo y la tumba del emperador, garante de la prosperidad de todos.

En Japón se desarrolló el sintoísmo, una espiritualidad asociada a los lugares donde habitan los kami, las fuerzas de la naturaleza, y el exquisito arte del diseño de jardines.

Europa está recorrida por multitud de ermitas e iglesias románicas, muchas veces construidas cerca o sobre antiguos dólmenes. En las catedrales góticas los maestros constructores refinaron su arte en nuevas dimensiones con los juegos de luz de sus vidrieras y sus misteriosos símbolos. Los monasterios convirtieron sus diseños en contenedores de información y los palacios de los reyes y nobles manifestaron en sus formas y ubicación el intento de perpetuar el poder. Un ejemplo lo tenemos en El Escorial, construido por Felipe II como palacio, monasterio, basílica y tumba de reyes. Fue erigido en un lugar sagrado para los antiguos pobladores y con una orientación geográfica muy estudiada que contemplaba desde las alturas un amplio territorio y dirigía la mirada a lugares significativos del imperio.

Todo esto da prueba de la importancia que a lo largo de nuestra historia hemos concedido a nuestras construcciones por su forma, ubicación y significado. Poco a poco esos conocimientos quedaron relegados al mundo de lo esotérico por prejuicios tanto racionalistas como religiosos y empezamos a construir a diestro y siniestro, sin mirar al cielo, sin dialogar con la tierra, aglomerándonos en grandes ciudades y enredándonos en cables y cemento, hasta que en los años setenta se puso de moda la vida en la naturaleza y se liberaron los cuerpos, se popularizó una mirada a los orígenes y recuperamos los péndulos y varillas de los zahoríes.

Con los movimientos new age llegó a occiente el feng shui,  el arte de reconocer la energía de los espacios según su orientación. La filosofía del Tao nos dice que todo tiene Chi o energía vital que se mueve y cambia continuamente. Con los vientos suaves se recogían buenas cosechas y el ganado estaba sano. Los arroyos y los ríos proporcionaban alimentos y aseguraban la supervivencia. La energía que se mueve es nutritiva, la energía estancada es destructiva. Para que los lugares sean sanos y estén llenos de vitalidad su energía debe fluir como el agua en los ríos o el viento entre los árboles, de forma ondulada y suave.

La base de todos los sistemas de orientación y ubicación está en el estudio de una fuerza que antaño era percibida como algo mágico y que hoy conocemos como fuerza electromagnética, una de las cuatro fuerzas fundamentales de la física. Las otras tres son: la fuerza de gravedad, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil.

El electromagnetismo se traduce como electricidad y magnetismo, dos fuerzas que actúan juntas y que están detrás de manifestaciones como la luz, los colores, sonidos, formas y consistencia de los objetos. El misterio se ha desvelado y ahora sabemos que todo lo que existe en el mundo físico emana un campo de energía electromagnética, que vivimos en un mundo de invisibles campos electromagnéticos que interaccionan entre ellos y con el campo electromagnético de nuestro cuerpo, que así nos informa de todo lo que pasa en cuanto a luz, sonido, electricidad, temperatura, humedad… Podemos percibir los cambios y la influencia del ambiente en niveles muy sutiles que nos indican si un espacio es más o menos sano y acogedor y además, un lenguaje simbólico conecta nuestro consciente e inconsciente y nos permite elaborar en niveles más profundos la información sobre el entorno. Ese lenguaje está formado por el bagaje histórico y cultural del colectivo al que pertenecemos, con sus climas, estilos de vida y costumbres, así como por un bagaje individual basado en la historia y costumbres familiares, la infancia, educación, experiencias, necesidades, emociones y expectativas de vida. Todo ese entramado simbólico es proyectado de forma inconsciente en los objetos que nos rodean y en la forma de distribuir y decorar nuestras casas y tiene una importancia esencial a la hora de diseñar la vida. Tomar consciencia de lo que significa puede ayudarnos a recuperar energía y dialogar mejor con nuestra realidad y proyectos.

Estudiar la dimensión energética de nuestra casa nos permitirá conocerla mejor y saber si responde a nuestras necesidades, si tenemos nuestras camas en la mejor ubicación para el descanso y a decorar con colores y formas que colaboren de una forma fluida con nuestras dinámicas.