ECLIPSES

Los eclipses son encrucijadas energéticas en el tiempo anual. Contemplar un eclipse nos conmueve porque es una manifestación del cosmos en el que estamos inmersos, pero también porque representa algo singular y arquetípico en nuestro inconsciente colectivo, por lo que siempre merece la pena observar las sincronicidades que puedan sucedernos durante los eclipses. 

MITOLOGÍA Y ECLIPSES

Cuando hay un eclipse de Sol se produce un momento mágico en el que las coordenadas habituales de luz y oscuridad se trastocan durante unos minutos.

Las sincronicidades en los eclipses de sol nos ayudan a actualizar cosas, lo que suele manifestarse al poner energía en algo que estaba estancado, al obtener claridad, al descubrir respuestas o soluciones a temas que teníamos pendientes.

El sol marca el ritmo de la luz que rige nuestra vida diaria y el efecto del eclipse es una ruptura en ese ritmo regular, por lo tanto es un cambio en la dinámica cotidiana.
Es verdad que cuando los eclipses de sol no se ven en nuestra zona geográfica son menos significativos y nos pasan desapercibidos, pero de todas formas algo está ocurriendo, algo que afecta a nuestra dinámica energética.
Todos conectamos en las aguas profundas del inconsciente colectivo, donde se desvanecen las fronteras entre lo biológico, lo emocional, lo intelectual, lo social y lo espiritual.

Cuando los eclipses son de Luna, nuestra memoria ancestral los asocia con situaciones peligrosas y oscuras. Un eclipse de Luna es una sombra en la noche, oscuridad sobre oscuridad. No es raro que los eclipses de la Luna se asocien a momentos de confusión, despistes, debilidad física o emocional, ansiedad y angustias. No son los mejores momentos para tomar decisiones importantes, pero en cambio si lo son para retirarse, descansar, recuperar energías, reflexionar y esperar.

Los eclipses nos hablan del mundo de las energías inconscientes, lo que a veces hace muy difícil ver con claridad los retos que nos proponen y sus efectos. La clave para aprovechar la energía de los eclipses es pararse a meditar sobre lo que estamos viviendo, conectar con la realidad inmediata y mirarnos en el aquí y ahora. Esto puede ayudarnos a descubrir alguna solución, o un camino, o una actitud diferente, o una respuesta. Al menos para aceptar con calma y humildad nuestro presente y encontrar la paciencia que necesitamos para seguir. Detrás de la oscuridad siempre está la luz.