ORIGEN

Hace unos 4.600 millones de años explotó una supernova en la galaxia espiral Vía Láctea. La explosión dejó en suspensión una nube de gases y cuerpos sólidos que se mantuvo girando en el sentido de la estrella desaparecida y dio nacimiento al Sol y a los planetas del Sistema Solar.

La Tierra era una bola de material ardiente que giraba alrededor del recién nacido Sol. Los gases generados por la combustión interna del planeta emergieron hacia la superficie y, al ser capturados por la gravedad, comenzaron a formar la primera atmósfera.

Un infierno de abismos ardientes, volcanes y gases venenosos que era bombardeado continuamente por cometas y asteroides.

En medio del caos chocó contra la Tierra otro cuerpo planetario, Thea. La explosión producida por el tremendo choque ayudó a fundir los dos cuerpos haciendo que la Tierra aumentara su tamaño.

Un montón de trozos más pequeños quedaron enganchados a la gravedad de la nueva Tierra y con el tiempo se fusionaron formando la Luna.

Gracias a la Luna, la Tierra pudo estabilizar su órbita alrededor del Sol, se formaron las estaciones con sus cambios climáticos, y los días se hicieron más largos al desacelerar su velocidad de rotación.

Esta es una de las hipótesis que barajan los científicos sobre el nacimiento de nuestro planeta.

Thea o Theia era una titánide, hija de Urano y Gea, que dio a luz a Helios, Selene y Eos, el sol, la luna y la aurora.

Su poder era el de hacer brillar las cosas con su mirada, ver era iluminar y ella dio nacimiento a las luminarias.

 

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