ECLIPSE TOTAL DE SOL 21-8-2017

Este año tenemos dos Lunas Nuevas o Lunas Oscuras en el signo del león, la primera fue el día 23 de julio en el 1º de Leo, que nos llevó hacia una Luna Llena con eclipse parcial en Acuario el día 7 de agosto y que culmina ahora con otra Luna Oscura en el último grado de Leo y en la que se podrá ver un eclipse total de sol en algunas zonas de Norteamérica.

En el sector celeste representado por el león este eclipse nos propone una reflexión sobre los patrones arquetípicos asociados a la energía de Leo, la plenitud solar, justo antes de que ésta comience a declinar hacia el otoño, que simboliza la realización de nuestras capacidades creativas y elección.

Un eclipse total es un acontecimiento arquetípico, emocionante y conmovedor para quien tiene la oportunidad de contemplarlo, un momento en el que se hace patente la diferencia entre luz y oscuridad que asociamos con la polaridad vida/muerte y que nos pone en contacto con todos los temores ancestrales y los misterios de la naturaleza.

Todas las religiones tienen su base en esta conmoción primigenia frente a la conciencia de esos misterios y el poder de las fuerzas naturales con sus ciclos. Si tenemos la suerte de contemplar un eclipse total podemos sentir una profunda emoción.

Un eclipse total es una ventana al misterio, a la experiencia transcendente, una oportunidad, una grieta entre los mundos por la que extender la mirada.

Mientras los eclipses de Luna son puertas o ventanas hacia la resolución, los de Sol nos lanzan hacia el descubrimiento.

El eclipse total del día 21 de agosto en Leo nos descubre las dos caras del yo. El aspecto único original y creativo que desde el respeto de sí mismo elige y toma sus decisiones, y el aspecto egocéntrico y egoísta que sin reflexión se enzarza en el resentimiento, las luchas de poder y el juego destructivo. La sombra y la luz de la psique individual.

Cuando Hercules, el héroe solar, realizó el trabajo asociado a la constelación del León, tuvo que enfrentarse al León de Nemea, una bestia de piel invulnerable que destrozaba y devoraba todo lo que encontraba a su paso. El héroe consiguió llevarla hasta su cueva, que tenía dos salidas, y así consiguió acorralarlo y vencerlo con sus propias manos.

El héroe y el león representan aspectos de la psique.

El león representa al ego que crece en orgullo y arrogancia hasta volverse tan despectivo que nada puede ablandarlo y en su ceguera destroza lo que encuentra a su paso.

Hércules es el héroe interno, el sí mismo capaz de reconocer ese aspecto en su psique y sin miedo enfrenta la fiera interna que se convierte así en la fuerza creativa y mágica del intento.

El poder de la elección libre, la decisión y la voluntad deja de ser gobernado por la sombra con sus emociones negativas, su dolor, su rabia y sus instintos egoístas, para convertirse en fuente de creación, alegría y amor, ese amor verdadero e incondicional del que es capaz quien se ha adentrado en la caverna interior, ha reconocido y abrazado su sombra y la ha convertido en aliada de la intuición y la consciencia, lo que significa la verdadera autonomía, autoestima y libertad interior.

Muchos egos confundidos e inconscientes forman manadas con facilidad y se dejan atrapar por diferentes formas de manipulación, así comienzan el camino de la infelicidad, la insatisfacción y la queja. Autodestrucción que devora la felicidad y alegría de los que están cerca.

En los días anteriores al eclipse, durante la Luna Menguante y hasta el momento de oscurecimiento solar, sentimos el peso de nuestros egos, el dolor y la rabia, una oscuridad que puede traducirse en todo un abanico de emociones negativas o cansancio y desaliento físico, pero cuando la sombra de la luna descubra de nuevo el sol al terminar el eclipse, nace un sol nuevo y un nuevo ciclo y con él, renacemos y recuperamos la luz con su oportunidad.

Urano es el planeta que dialoga de forma positiva con el Sol y la Luna en el momento del eclipse. Despierta e inspira nuestra visión de futuro y nos ayuda a despejar el camino del nuevo ciclo.

Leo es el amor y el amor verdadero es incondicional y generoso, abarca mucho más que a personas y cosas porque expande el corazón y lo llena de vitalidad y alegría, regenera la vida y trae ilusión y esperanza. Que ninguna sombra ni desesperación, ningún ego ciego apague nunca esa luz.

 

ECLIPSE PARCIAL DE LUNA 7-8-2017

El lunes a las 20:12 hora europea habrá un eclipse parcial de Luna en el sector celeste de Acuario.

Los eclipses lunares ocurren durante la Luna Llena, cuando la tierra se interpone entre la luna y el sol y proyecta su sombra sobre la superficie lunar.

La Luna Llena se asocia con la energía que florece, con la excitación, el brillo, la expansión y la emoción, pero cuando se produce un eclipse ese brillo se apaga y el tiempo parece caminar más despacio.

Nuestra conexión con las fuentes de la energía psíquica colectiva y con los ciclos de la tierra se manifiesta durante los eclipses de luna en forma de bloqueos, parálisis o situaciones que parecen estancarse. Sentimos menos vitalidad y a veces enfermedades o depresiones, tensión interna, desasosiego, preocupación o algún tipo de limitación o estrés, sobre todo en las dos semanas anteriores al eclipse.

Los antiguos creían que un dragón o serpiente gigante se tragaba la luna durante el eclipse para escupirla después. Pensaban que algún tipo de cambio ocurría en el mundo asociado a ese acontecimiento mítico. Es cierto que sutiles cambios ocurren en la gravedad de la tierra durante los eclipses, cambios que se notan sobre todo en las mareas.

Desde el punto de vista del poder arquetípico que los eclipses ejercen en la psique, los de luna se sienten en el aspecto emocional, el que asociamos a las aguas y al metabolismo del cuerpo con sus procesos hormonales y su intercambio de neurotransmisores. El mágico laboratorio de la vida.

Los eclipses de luna pueden pasar desapercibidos, podemos no asociarlos con nuestro estado anímico salvo que se despierte el recuerdo del calendario planetario que conecta nuestros ritmos vitales.

Observa tu vida en las semanas anteriores al eclipse, qué se ha vuelto lento, qué parece haberse vuelto conflictivo o difícil. Qué te provoca miedo, ansiedad o te confunde.  Quizás todo se rompe o se retrasa, o es tu cuerpo el que parece falto de vitalidad y energía, o es una dolencia que te limita.

Nuestra ancestral búsqueda de diálogo con la naturaleza nos llevó a significar los acontecimientos importantes, como los eclipses, dándoles un sentido trascendente que nos ayudaba a sentir nuestra participación con el todo, a comunicarnos con el misterio. De esta forma nuestra psique profunda aflora en los eclipses de luna y nos recuerda que esas limitaciones, esa lentitud, esa manifestación más o menos confusa o conflictiva es una oportunidad para resintonizar con el ritmo del planeta, para actualizar la vida. Para descansar, purificar, verificar. Para meditar y sentir el silencio que nos conecta con lo trascendente, con el espíritu que todo lo atraviesa, con el alma del mundo. Para abandonar el control.

El sector celeste asociado a la constelación de Acuario simboliza la inspiración, el cambio, lo nuevo que transforma la vida hacia el futuro. La semilla renovada que cada ciclo trae una nueva mutación. Se asocia con las actividades comunitarias y los grupos y amistades que se forman en ellas.

El eje Leo y Acuario, en el que ahora transita la cabeza y la cola del dragón, los Nodos de la luna, nos propone una reflexión sobre nuestro papel en el grupo, en la comunidad, entre los amigos. Sobre lo que elegimos o nos viene impuesto por obligación y compromisos.

Este eclipse lunar en Acuario nos enfrenta con esos acuerdos no tan elegidos y el nivel de compromiso que tenemos en ellos. Nos pregunta sobre la forma en que participamos en esos acuerdos, sobre nuestra libertad dentro del compromiso, sobre cómo, porqué y para qué.

Frente al requerimiento de los demás nos sentimos ante la necesidad de expresar nuestra singularidad en el grupo. Dejar de ser manada para ser individuos capaces de colaborar desde la cualidad original.

Nos pregunta sobre nuestra necesidad de cooperar, sobre la importancia de los demás, sobre la relación con esos otros que están en nuestra vida y han jugado un papel fundamental en ella.

Nos pregunta sobre nuestra forma de comunicarnos y cooperar. Abre la oportunidad para descubrir nuevas alternativas, nuevas formas originales que signifiquen convivencia y comunidad sin necesidad de someternos o caer en la manipulación emocional y las exigencias.

A veces en las familias, entre los amigos, en los grupos de estudio, trabajo, colaboración, en las vecindades, en todas las relaciones nos descubrimos repitiendo patrones y actitudes, repitiendo lenguajes que han dejado de tener contenido, lenguajes que se han vuelto automáticos y que sirvieron en el pasado pero que ya carecen de sentido y necesitan revisarse y actualizarse. Como comenté al hablar de la Luna Nueva en Leo, para actualizar los intercambios es necesario reconciliar el pasado. Toda historia compartida tiene luces y oscuridades pero las relaciones fuertes, profundas, que han creado y producido en nuestra vida, se mantienen a lo largo del tiempo gracias a sus luces y son éstas las que más necesitan actualizarse para poder seguir alimentando el crecimiento y la alegría de la presencia.

La reconciliación es la puerta que permite actualizar esos lenguajes y encontrarnos con los demás desde nuestra individualidad original. También es la puerta que nos permite dejar ir, abandonar el apego y liberar los acuerdos que ya no comparten esa alegría.

Quizás este eclipse, cuando el dragón nos devuelva otra vez la brillante luna, despierte nuestra inspiración para refrescar el diálogo que alimenta la vitalidad.

 

 

 

 

LUNA NUEVA DE LEO

El día 23 de julio fue la Luna Nueva en el 1º de Leo.

El signo del nacimiento, de la creación, la puerta del autodescubrimiento, el ser en su cualidad única que se expresa y manifiesta en el mundo que le rodea. Leo es esa potencialidad de la energía que todo tiene al nacer. Esa cualidad que como un rayo de luz atraviesa su tiempo. Una flor, un pájaro, la hierba más humilde tienen su tiempo único e irrepetible en el entramado de la manifestación.

La multiplicidad de formas y expresiones es la cualidad creativa que representa el símbolo del León, el tiempo de descanso de la tierra, la parada en el ciclo agrícola que celebra el fruto, que se alegra de lo realizado, que disfruta de los bienes de la cosecha y de la vida en la mirada del niño.

En medio del murmullo y la ira, de la incomodidad del cuerpo, de la angustia y el miedo, de la decepción, del cansancio, en la sagrada soledad íntima, vive la mirada recién nacida, el impulso y el deseo de expresarse y amar.

Leo nos propone descubrir la conciencia de ser y elegir, la verdadera libertad.

Leo se expresa en su elección, en su creación y en el amor que brilla e ilumina como el Sol y que nos recuerda que todos llevamos dentro su luz y esa posibilidad de la consciencia.

En Leo aprendemos a expresar nuestro ser único sin que el ego nos ciegue con sus patrañas y aniquile nuestra verdad mas íntima, esa que a veces cuesta reconocer porque se esconde junto a las emociones inconfesables, los miedos, las envidias, los juicios, junto a las vergüenzas que nos hacen sospechar de todo y de nosotros mismos. Ese ego se nutre de ellas y de nuestra desconfianza e inseguridad, de nuestro orgullo, de nuestras heridas que configuran una biblioteca de fraudes y renuncias.

Pero cada año Leo vuelve cuando termina el ciclo de las tareas y el calor obliga al descanso y la celebración, entonces, a pesar de todos los chantajes, nos enfrentamos a la elección de la felicidad, que es libre o no es.

Este año el Sol llega a Leo en la Luna Nueva, su conjunción con la Luna, con Marte que está en el 2º grado de Leo, y los tres forman cuadratura con Urano en Aries.

Atravesamos un tiempo lento simbolizado en el cielo por la cuadratura de Saturno en Sagitario y Quirón en Piscis, que nos recuerda las limitaciones y esfuerzos del aspecto menos agradable de la vida. Las pérdidas, los desencantos, la soledad, las carencias y dolores del cuerpo y el alma. Su posición refleja nuestro cansancio y parece decirnos: esto es lo que hay, aguanta, no hay otro camino, no hay salida, la vida es así, frases repetidas a lo largo de la historia por una voz que pretendía hacernos obedientes, resignados al trabajo y el esfuerzo, a una escasa recompensa.

Se termina la era de Piscis y Quirón parece querer llevársela con él.

En su historia mitológica, cansado de arrastrar su herida incurable y de resignarse eligió sustituir a Prometeo en el castigo impuesto por Zeus, y así liberarlo y liberar la carga de una humanidad sumida en la ignorancia. Así fue él también liberado y transformado en la constelación del Centauro, el ser mitad caballo mitad humano que está en la figura de Sagitario y que con su arco lanzado hacia las estrellas simboliza la búsqueda de crecimiento y evolución.

http://lagrulla.org/quiron/

Interesante metáfora de los cielos que nos recuerda que atravesamos una encrucijada, que nos hallamos en la frontera entre el antiguo paradigma, basado en estructuras piramidales sostenidas por la carencia y el sufrimiento de la mayoría en aras del poder de unos pocos. En seres humanos como masa, como fuente de trabajo y energía susceptible de manipulación y aprovechamiento. Y el nuevo paradigma que enfrenta al individuo con su elección y responsabilidad, que evoluciona hacia una humanidad formada por individuos únicos y conscientes de sí mismos, capaces de elegir, decidir y actuar desde esa consciencia de ser en el mundo.

Un salto significativo para el centauro que quizás lo transforme a su total humanidad.

Este mes, mientras atravesamos las diferentes etapas de esta encrucijada, la Luna Nueva con Marte y en aspecto tenso a Urano nos precipita e impacienta. El futuro parece jalarnos con fuerza y nos divide e irrita en un tiempo que solo pide descanso y presente, tardes de siesta y silencio, alegría compartida, juegos y el descubrimiento de una creatividad inocente, la del niño que todos llevamos dentro.

Comienzan los días de la canícula, los días del perro, en asociación a la constelación del Can Mayor con su estrella Sirio que amanece antes del Sol en esta época y que era tan importante para algunas culturas neolíticas como la de los egipcios o los mayas.

Para los egipcios eran días sagrados que anunciaban la siguiente crecida del Nilo y con ella el nuevo año agrícola. Para los griegos eran días de descansar, cuidarse y protegerse del calor excesivo que podía ser causa de pestes y enfermedades.

Hoy, día 25 de julio, es el día Verde en la actualización que hizo José Argüelles del antiguo calendario Maya. Y también es la Luna Semilla, la primera lunita creciente que nos recuerda con su ciclo que es la madre del calendario real.

Hoy escribo por primera vez en este nuevo blog de La Grulla, en el que cada mes intentaré una reflexión sobre el calendario y la energía que los ciclos de la Tierra con la Luna y el Sol estimulan en los seres, al amparo de sus luces y territorios.

El arranque de esta nueva etapa de reflexión, de esta nueva mirada a los ciclos, es parte de mi siembra del mes de Leo. En Origen elijo recuperar algo del aquel primer latido que nos abrió la puerta de la Vida.

Este mes se producirá uno de los pares de eclipses anuales que forman parte de ese calendario real. Con la Luna Llena tendremos un Eclipse Parcial de Luna. El Sol estará en la mitad de Leo, donde culmina su brillo justo antes de comenzar su descenso hacia el otoño, y la Luna estará en la mitad de Acuario.

De este eclipse y de eclipses lunares en general hablaré en una siguiente entrada, de momento recordar que en este Día Semilla, este día fuera del tiempo, conectar con ese latido primigenio y con el de las generaciones que nos han traído a la vida, las madres y padres que alimentaron y alientan nuestro crecimiento, nos ayudará a tomar conciencia de nuestra realidad en ella, del niño que fuimos y seguimos siendo y que solo necesita reconciliarse con todos sus ancestros y consigo mismo para volver a ser feliz.